Natalia estaba aterrorizada.
Durante años había escuchado infinidad de rumores sobre Hugo.
¿No se suponía que era la sombra de Cristina? ¿Desde cuándo le importaba tanto Vania?
—Tampoco es que conozca mucho a tu esposa... —murmuró Natalia.
—¿Ah, no? —Hugo enarcó una ceja, viendo cómo Vania se resbalaba de encima de Natalia, a punto de caer de espaldas al suelo.
Frunciendo el ceño, la atrapó al vuelo y la estrechó firmemente contra su pecho.
Vania estaba tan ebria que veía doble.
Si levantaba los dedos, veía más de diez. Sin inmutarse, acunó el rostro de Hugo con ambas manos y se acercó a él.
—Nati, ¿me escuchaste bien? Me voy a divorciar de Hugo. ¡Divorcio! Eres abogada, así que te lo encargo. Un brindis por eso. Esta noche no nos vamos hasta que cerremos el antro...
A Natalia le tembló un músculo en la cara. Sintió un escalofrío de terror; tenía unas ganas inmensas de estrangular a Vania.
¿Acaso Vania se había cansado de vivir y quería arrastrarla con ella?
—Ay, Nati... ¿por qué tu cara pincha tanto? —Vania acarició la mandíbula de Hugo, sintiendo la barba de varios días raspar su suave piel.
Hugo no lo soportó más. Le empujó la cabeza contra su pecho, con el rostro ensombrecido por una frialdad gélida.
—Abogada Funes, instigar a alguien al divorcio y destruir una familia no me parece muy ético de su parte.
Natalia tenía ganas de llorar y se apresuró a explicarse.
—Hugo, digo, señor Yáñez... se lo juro, yo no tengo nada que ver. Ni siquiera conozco a su esposa. Tomé de más y me equivoqué de mesa. Qué barbaridad, ya es tardísimo, me tengo que ir. Mañana madrugo para ir a la oficina, jaja...
Natalia intentó huir, pero Hugo no pensaba dejarla ir tan fácilmente.
—Las explicaciones me las dará en la estación de policía.
La expresión de Natalia se desplomó al instante.
—Oiga, solo salimos a tomar unos tragos, no matamos a nadie. ¿Llamar a la policía no es pasarse de la raya?
Definitivamente, la próxima vez que saliera de casa, revisaría su horóscopo. Vania la había metido en un buen lío.
Maldita sea, ¡ni siquiera le había tocado un pelo a nadie!
En cuanto Hugo cruzó la puerta, un escuadrón de policías entró y se llevó a Natalia.
Ella pensó que Hugo al menos se llevaría a su esposa a casa, pero para su sorpresa, el muy infeliz también entregó a Vania.
—Consumo excesivo de alcohol y contratación de acompañantes masculinos. Capitán Castro, proceda como corresponda.
Natalia quería que se la tragara la tierra. Era abogada, lidiaba con la policía todo el tiempo.
El Capitán la miró estupefacto.
Hugo observó a la mujer inconsciente por la borrachera, desparramada en una silla, y habló con total tranquilidad.
—Llame por teléfono para que un familiar venga a recogerla.
—...
Natalia se quedó fría. ¡Ese infeliz de Hugo Yáñez estaba dispuesto a hundir a su propia esposa dejándola encerrada!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...