El Capitán Castro intuyó que algo raro pasaba y sonrió con nerviosismo.
—Señor Yáñez, no es para tanto. Firman un acta de compromiso, pagan una fianza y se van. ¿Seguro que quiere llamar a un familiar?
Hugo la había mantenido aferrada a su pecho desde que salieron del bar hasta llegar a la comisaría. No la había soltado ni un segundo.
Pedirle que la arrestara era ponerlo en una situación imposible.
—Llame —ordenó.
Tanto el Capitán Castro como Natalia se quedaron de piedra.
La única familia que le quedaba a Vania por parte de su padre biológico era un tío, ya que su abuela, doña Mercedes Zapata, era mayor y no gozaba de buena salud.
Y encima, la familia siempre había creído que Vania era tratada como una reina en su matrimonio.
Si su familia se enteraba de que Vania estaba en la cárcel, se morirían del susto.
Natalia, que apenas podía salvarse a sí misma, no tenía forma de intervenir.
Al ver la insistencia de Hugo, el Capitán suspiró, resignado.
—Este... no tenemos el número de la familia de la señorita Zapata.
Hugo le dictó un número de inmediato. Bajo la intensa mirada de Hugo, al Capitán no le quedó otra que marcar.
Cuando el tono de llamada empezó a sonar directamente en el celular que Hugo tenía en la mano, a Natalia se le paralizó el cerebro.
Un momento... ¿A qué está jugando este infeliz?
Frente al Capitán, Hugo levantó su propio teléfono, se lo llevó a la oreja y respondió con total seriedad:
—¿Bueno?
El Capitán Castro también estaba completamente desconcertado.
¡Si el señor Yáñez era el familiar de la chica y estaba justo ahí, frente a él! ¿Para qué demonios le hizo llamar?
Pero Hugo era alguien intocable. ¿Qué podía hacer un simple capitán de policía?
Tragándose la vergüenza, el Capitán habló por teléfono mirando fijamente al hombre que tenía enfrente.
—¿Hablo con un familiar de la señorita Vania Zapata?
No era el único; varios en la comisaría no pudieron evitar lanzar miradas curiosas hacia la escena.
Natalia soltó un jadeo ahogado.
—Yo... yo no necesito hacer eso, ¿verdad?
Pero el Capitán no pensaba hacerle favores. Si había llegado a ese puesto era porque sabía leer las situaciones.
Si el mismísimo Hugo Yáñez había llevado a su esposa a la comisaría para seguir el protocolo, era claramente para dar un escarmiento. ¿Cómo iba él a dejar libre a su cómplice?
Natalia se aferró a su celular con uñas y dientes, negándose rotundamente a llamar a su familia.
De pronto, las puertas de la recepción se abrieron de golpe.
Un hombre imponente, enfundado en un abrigo oscuro y trayendo consigo el frío cortante de la madrugada, entró al lugar con paso firme.
Caminó directamente hacia el Capitán.
Se detuvo junto a Hugo, igualándolo en estatura.
El recién llegado tenía facciones igual de marcadas y angulosas, y una presencia que no se quedaba atrás frente a la de Hugo.
—Su carta de compromiso la redacto yo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...