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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 43

El hombre se plantó frente a Hugo.

Sus miradas se cruzaron, afiladas como navajas.

Eran dos titanes, igual de arrogantes y peligrosos.

Dos hombres de poder incalculable: uno dominaba gran parte de Sudamérica, el otro tenía América del Norte en la palma de su mano.

Un choque de reyes que rara vez se daba.

Al ver al recién llegado, el rostro de Natalia perdió todo el color al instante.

—¿De qué crimen tan grave se le acusa como para tener que llamar a su tutor? —La voz del hombre resonó poderosa. Vestido de negro, parecía un rey de las sombras, emanando un aura que gritaba que nadie debía acercarse.

El Capitán Castro empezó a sudar frío.

Ya era bastante difícil lidiar con Hugo Yáñez, y ahora tenía a este demonio de la familia Quintana en su comisaría. Rodrigo Quintana rara vez pisaba el país; era increíble su mala suerte.

Natalia, encogida como un cachorro asustado, solo quería hacerse invisible.

Justo cuando el Capitán dudaba sobre qué decir, Hugo habló con un tono helado, sin ninguna intención de ser cortés.

—Contratar acompañantes masculinos y corromper a mi esposa.

Rodrigo miró a Natalia con desdén.

La joven, sin atreverse a respirar muy fuerte, murmuró sin convicción:

—Tío... las cosas no fueron así.

Una sonrisa torcida apareció en los labios de Rodrigo.

—¿Cuántos años tiene la señora Yáñez? Nati es solo una chica soltera. Dudo mucho que tenga la capacidad de corromper a nadie.

El mensaje era claro: si alguien era una mala influencia, definitivamente era Vania.

La mirada de Hugo se volvió glacial.

—¿Está insinuando, señor Quintana, que la culpa es de mi esposa?

Rodrigo soltó una carcajada seca.

—Si hablamos de tácticas cuestionables, el señor Yáñez es el número uno. Pero el historial de hazañas de su esposa de hace cinco años es bien conocido por toda la alta sociedad. Si le sobra el tiempo, señor Yáñez, mejor controle a los suyos para que no anden causando alboroto de la nada. Mi sobrina es de corazón noble y fácil de manipular. La señora Yáñez ya es una mujer casada; le convendría recordar su lugar.

Eran dos titanes lanzándose dagas envenenadas, y ninguno pensaba ceder.

Aterrorizada de que la situación explotara, Natalia corrió hacia Rodrigo y le tiró de la manga.

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