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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 438

Hugo tenía el mundo a sus pies; a los ojos de Cristina, no había absolutamente nada que él no pudiera resolver. Ella solo había querido darle una pequeña lección a Vania, ¡no había hecho nada tan grave!

¿Por qué Hugo la abandonaba justo cuando se la iban a llevar detenida?

Cristina seguía creyendo que la relación entre ellos estaba intacta.

Mientras la escoltaban, Cristina suplicó poder hacer una llamada más. Por simple cortesía humana, el Capitán Castro se lo permitió.

Sosteniendo el celular y apartándose de los demás, Cristina marcó con manos temblorosas un número que siempre había guardado en su memoria, uno que jamás figuraría en su lista de contactos.

Cuando escuchó la voz grave e implacable del hombre al otro lado, los ojos de Cristina se humedecieron y el pánico la llevó al borde de las lágrimas.

—Me tendieron una trampa. Me van a detener legalmente. ¿Puedes ayudarme?

La respuesta fue un rechazo tajante, cargado de sarcasmo y desprecio.

—Tantos años y todavía no has cumplido la misión. ¿Dónde quedó tu supuesta determinación? Por cierto, no he recibido ninguna transferencia en estos meses.

—Cristina, tu incompetencia es cada vez más alarmante. Si los de arriba se molestan, ya sabes muy bien cuáles serán las consecuencias.

—Si te sobra tanto tiempo, deberías enfocarte en cómo meterte en la cama de Hugo para consolidar tu posición. Y hasta el día de hoy, ni siquiera lo has logrado.

—Se nos está acabando la paciencia. Piénsalo bien. De ahora en adelante, no me busques cada vez que tengas un problema. Trata de limitar el contacto al mínimo indispensable.

—Si no logras hacer las cosas bien, no digas que no te lo advertí. Tu vida se convertirá en un infierno.

El rostro de Cristina se volvió blanco como el papel.

El Capitán Castro ya había perdido la paciencia. Cuando Cristina intentó caminar hacia él, las piernas no le respondieron.

Debido a una baja drástica de azúcar, estuvo a punto de desmayarse. Tuvieron que subirla a la patrulla entre dos oficiales.

Ese pequeño altercado no arruinó en absoluto el estado de ánimo de Vania.

Al terminar su trabajo de la mañana, Yago la acompañó al hospital para su revisión prenatal. Todo estaba en perfecto orden.

—Yago, mi pancita ya casi se nota. Creo que no podré seguir yendo a la oficina —sugirió Vania con delicadeza.

Capítulo 438 1

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