Parecía que hasta hacer un mínimo esfuerzo por hablar en su defensa le resultaba una tarea titánica.
—Tranquilo, eso es imposible.
Hugo arqueó las cejas, claramente insatisfecho con su respuesta.
—Comandante Yáñez, su madre no puede ganarme en una discusión. Le sugerí a esa señora que ese pequeño dolor de cabeza tal vez ni siquiera lleva la sangre de los Yáñez. Lo más seguro es que ahorita esté ocupada sospechando de su adorada amada. Si tiene tiempo libre, mejor dedíqueselo a su madrecita.
—Escuché por ahí que se fue del país... Todavía me debe mil millones. ¿Acaso le dio miedo que le prohibieran la salida y prefirió huir? Le pido de la manera más atenta que ponga un poco más de empeño, Comandante, e invente alguna forma de traérmela de regreso.
Las palabras de Vania sumieron a Hugo en un profundo silencio.
Ella creyó que eso desataría las excusas de Hugo, o en el mejor de los casos, alguna de sus clásicas burlas arrogantes. Pero tras unos segundos de silencio, Vania, por primera vez, falló en su predicción.
—Está bien, ya entendí. Si mi madre vuelve a buscarte, simplemente no le hagas caso. Yo... yo veré qué hago con respecto a Cristina.
Vania se quedó sosteniendo el celular, como si le acabaran de contar un cuento de fantasía.
¿Que él vería qué hacer respecto a Cristina?
¿Qué iba a hacer? ¿Acaso planeaba ayudarle a capturar a esa deudora fugitiva? Vania estaba lista para soltarle una lluvia de sarcasmos, cuando de pronto él cortó la llamada.
Vania levantó ligeramente la comisura de los labios, mostrándose indiferente, y rápidamente sacó el asunto de su mente.
A estas alturas, la familia Yáñez, y cualquiera otra persona de su pasado, eran incapaces de ocupar un solo espacio en su corazón.
Todo su tiempo y su energía estaban exclusivamente dedicados a su trabajo, a la familia de Yago, a Lunita y a Davis.
Después de quedarse en la base hasta su hora de salida, Yago la llevó de regreso a la casona de los Leal.
Y con ellos, venía Yara Quiroz, quien recientemente había sido asignada como la guardaespaldas personal de Vania.
De forma totalmente natural, Yara la acompañó de regreso a la casa.
—Vani, te tengo una excelente noticia —dijo la señora Leal, y luego miró de reojo a Yara, pensando que era alguna amiga de Vania—. ¿Y ella es la señorita Quiroz?
Yara apretó los labios y respondió con voz apagada:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...