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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 557

Al enterarse de que Vania tenía otro hijo, Cristina pensó en manipular a Sonia sugiriendo que la sangre de los dos niños sería la salvación perfecta para Xavi. Se hizo la víctima: —Ese bebé también es mi sobrino... yo no me atrevería a pedirle tal sacrificio a Vania.

Cristina lloraba con un dramatismo digno de telenovela, logrando que el rostro de Sonia se contrajera en una mueca de asco e ira.

—¿Así que fue esa bastarda de Luna quien lastimó a mi Xavi? ¿Por qué no me lo dijiste desde el principio? ¿Qué estupidez es esa de que no te atreves a pedirlo? Esos mocosos llevan la sangre de la familia Yáñez, y yo sigo siendo la matriarca. Aquí se hace lo que yo ordeno.

Sonia alzó la voz, furiosa.

—¿Qué es más importante, la vida de mi nieto o el capricho de esa mujer? La sangre se repone comiendo bien un par de meses. ¿Acaso se van a morir por sacarse un poco para salvar a su propio primo?

Cristina escondió una sonrisa maliciosa tras sus manos temblorosas, manteniendo su fachada de madre afligida.

Sonia se asomó a la habitación, y al ver a su querido Xavi inconsciente en la cama, el corazón se le estrujó de dolor.

Elena intentó consolarla con un par de frases corteses. A fin de cuentas, Xavi era su nieto político, y ver al niño en ese estado también le daba lástima.

De hecho, Elena misma había considerado exigirle a Vania que entregara a la niña para la donación, pero ya que Sonia estaba dispuesta a hacer el trabajo sucio, prefirió no mancharse las manos.

Hoy en día, Vania ya no era la mujer sumisa de antes. Elena había salido humillada las últimas veces que intentó enfrentarla.

Además, el influyente clan de los Leal se había posicionado abiertamente como los protectores de Vania, por lo que nadie quería ganarse a un enemigo tan poderoso sin necesidad.

Tras comprobar que Xavi tardaría en despertar, Sonia no quiso perder más tiempo y se marchó apresuradamente a su auto.

Luciano, ofendido, soltó un bufido al verla alejarse con tanta arrogancia.

Sonia había entrado y salido sin dignarse a saludar a los Figueroa. Se paseaba por el mundo mirando a todos por encima del hombro.

Él hasta le había esbozado una sonrisa obsequiosa, y la mujer ni siquiera le dirigió una mirada de reojo.

Ese desaire enfureció a Luciano. Con las ganancias millonarias del Corporativo Alba, él ya se consideraba parte de la alta esfera.

—Prima, tu suegra se cree la reina del mundo, ¿no? —se quejó con amargura.

Cristina, inmersa en sus propias maquinaciones, ni se molestó en responderle.

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