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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 559

La señora Leal se quedó atónita al escuchar las últimas palabras de Sonia. ¿Había escuchado bien? ¿Esa monstruosidad salió de la boca de una abuela?

Exigirle a una nieta tan pequeña que se sometiera a una extracción de sangre para salvar al otro niño... ¿Acaso Hugo se había casado con Vania única y exclusivamente para tener una reserva de sangre ambulante?

La señora Leal sintió un mareo repentino. La mera idea le revolvió el estómago de puro asco.

Si esa era la verdad, con mayor razón no podía permitir que Vania y sus hijos volvieran a cruzarse con esa familia de víboras.

Por su parte, Sonia, tras ser echada humillantemente por los Leal, tomó su celular y llamó a Hugo.

—¡Esa mocosa salvaje acaba de mandar a Xavi al hospital a golpes! ¿Acaso no te importa? ¡He estado en el hospital todo el día y no te has dignado a aparecer! ¿Piensas dejar morir al hijo de tu propio hermano sin mover un dedo? —gritó Sonia, histérica.

Hugo apenas iba llegando al hospital.

En lugar de ir directo a la habitación, buscó al médico a cargo. Tras revisar los reportes, le aseguraron que la situación no era crítica; la pérdida de sangre había sido controlada, pero Xavi tardaría en despertar por la debilidad de su sistema.

Para cuando Hugo entró a la habitación, habían pasado cinco agónicas horas desde el accidente.

Cristina estaba al borde de la locura.

Hugo se sentó junto a la cama y veló el sueño del niño por dos horas completas.

Cuando finalmente estuvieron solos en la habitación, Cristina sintió que por fin tenía el control de la situación.

El recuerdo de haber visto a Hugo subiendo a Vania a su auto la atormentaba, devorándole el alma por dentro.

—Hugo... de verdad tengo terror de que Xavi nos deje. Si le pasa algo y me quedo sola, te juro que no podría seguir viviendo —susurró Cristina, con la voz quebrada.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, brillando con una fragilidad calculada que haría flaquear a cualquier hombre.

Toda la atención de Hugo estaba fija en el niño. Aprovechando el silencio, Cristina se inclinó lentamente, buscando acortar la distancia entre ellos.

Justo en ese momento, Hugo se puso de pie bruscamente. Cristina, desequilibrada, trastabilló y casi cae de bruces sobre la cama.

En su mente, ese pequeño tropiezo debía terminar con ella cayendo dramáticamente en el pecho de él, forzándolo a rodearla con sus brazos para consolarla.

—¿Qué te pasa? —preguntó él.

Lejos de atraparla, Hugo la miró con el ceño fruncido, claramente molesto porque casi aplasta al niño enfermo.

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