Cristina extendió la mano, temblando, hacia la vía intravenosa de Xavi. Con frialdad, inyectó una sustancia desconocida directamente en el tubo y luego arrancó la aguja. Observó cómo el rostro de su propio hijo perdía todo rastro de color, volviéndose mortalmente pálido, y solo entonces presionó el botón de emergencia.
El equipo médico irrumpió en la habitación segundos después. Los labios del niño se habían vuelto azules; estaba sufriendo un colapso masivo.
Cristina se dejó caer al suelo, cubriéndose el rostro mientras fingía un llanto desgarrador.
—¡Mi hijo! ¿Qué le están haciendo? ¡Solo era una transfusión! ¡¿Por qué se puso así?! —gritaba, montando un espectáculo dramático digno de telenovela.
El médico, superado por la situación, ordenó de inmediato el traslado del niño a la unidad de terapia intensiva.
Cristina los siguió por los pasillos corriendo. Al ver que varios especialistas llegaban de urgencia, agarró del brazo a una enfermera joven con una furia desmedida.
—¡Exijo que me expliquen qué le pasa a mi hijo! ¡Ustedes me juraron que la sangre era segura y que se pondría bien!
La enfermera tragó saliva, aterrorizada por el escándalo.
—Señora Cristina, por favor, intente calmarse. Los doctores están haciendo todo lo que está en sus manos. El niño presentó una severa infección en la sangre de manera inexplicable y lo están estabilizando.
Cristina le clavó las uñas en el brazo, mirándola con los ojos inyectados en sangre.
—¡¿Infección en la sangre?! ¡Me dijeron que la sangre del banco estaba perfecta! ¡¿De dónde sacaron esa porquería?! ¡Mi hijo es un niño inocente! ¡¿Acaso son unos asesinos que quieren matarlo?!
La pobre enfermera, que jamás había lidiado con algo semejante, estuvo a punto de echarse a llorar.
—Se... señora, yo no tengo la culpa. Los médicos están en reanimación... por favor, espere en la sala.
Dicho esto, la chica se soltó y salió corriendo.
Cristina se dejó caer en una silla de la sala de espera y, mientras sollozaba con amargura, sacó su celular para llamar a Hugo.
El teléfono sonó varias veces hasta que la voz fría y distante de Hugo respondió al otro lado.
—¿Cómo sigue Xavi?
Él estaba completamente seguro de que los protocolos que había establecido garantizarían la salud del niño.
Pero Cristina rompió en un llanto histérico.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...