Nunca antes Hugo había sentido que Cristina hablara demasiado. Pero hoy, por primera vez, le resultó fastidiosa.
Cristina notó su silencio y estaba a punto de seguir hablando, pero Hugo ya se había levantado y tomado su saco.
—Supongo que tendremos que darnos una vuelta por Grupo Nexo.
Una oleada de alegría invadió a Cristina.
Sabía que, sin importar la situación, si necesitaba algo y mencionaba a su esposo César, siempre tocaba la fibra más sensible de Hugo.
¿Qué oportunidad tenía Vania de competir contra eso?
En Grupo Nexo, Yago había preparado una oficina individual inmensa para Vania.
Un enorme ventanal de piso a techo ofrecía una vista panorámica de todo el centro financiero de Nueva Alborada.
Justo en ese momento, el secretario de Yago entró para avisarle que un equipo de la Administración de Activos Estatales había llegado para discutir los detalles de su colaboración.
Yago miró a Vania.
—Vamos, acompáñame.
Vania lo miró sorprendida.
—¿Yo también tengo que ir?
—Ya eres parte de Grupo Nexo —respondió él—. De ahora en adelante, habrá muchas oportunidades para ir a negociar juntos. Entrar en ritmo lo antes posible te ayudará a hacerte de un nombre en la industria.
Vania asintió.
La experiencia de ver su cuenta bancaria reducida a cero en un segundo la había dejado asustada. Aprender más habilidades y ganar más dinero siempre sería su mejor escudo.
Vania acompañó a Yago a la reunión con los directivos de la Administración de Activos Estatales.
Una vez que todos tomaron asiento, comenzaron a intercambiar opiniones sobre el plan de colaboración.
Cuando Vania extendió la mano para tomar la carpeta del proyecto, uno de los directivos la miró con cierta duda. Yago sonrió con calma.
—Les presento a la Directora Técnica de nuestra empresa y líder de este proyecto, Vania Zapata.

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