Yago Leal estaba atónito.
¿Una pareja casada?
¿Hugo Yáñez y Vania Zapata?
El profesor Zavala le hizo una seña.
—No le des más vueltas, sube al auto.
Vania se sentó en la parte trasera del auto de Hugo.
Miguel no estaba; Hugo conducía personalmente.
La miró por el espejo retrovisor.
Vania estaba concentrada en su teléfono, sentada en completo silencio.
—¿Desde cuándo conoces al profesor Zavala?
Vania por fin levantó la vista.
Con una mezcla de ganas de responder y profunda reticencia, dijo:
—No lo sé. Perdí la memoria.
A Hugo se le hizo un nudo en la garganta.
Ùltimamente, Vania no le había mostrado ni una pizca de amabilidad.
Hugo resopló con frialdad.
—Si te has fijado en Yago Leal, olvídalo. No te conviene.
Su matrimonio con Vania estaba a punto de expirar.
Pero la sola idea de que ella pudiera casarse con otro hombre en el futuro le provocaba un inexplicable malestar en el pecho.
Vania parecía querer enfurecerlo a propósito.
—Eso no es asunto suyo, señor Yáñez.
Sin darse cuenta, Hugo apretó el volante.
Con mucha fuerza.
Se quedó en silencio un momento y asintió.
—Tienes razón, no es asunto mío.
El viaje de regreso a Villa Ébano transcurrió en completo silencio.
Apenas el auto se detuvo, Vania bajó de un salto y caminó hacia la entrada.
Al llegar a la sala, Hugo estiró el brazo y la detuvo por la muñeca.
—Señorita Zapata, hay un asunto que necesita atender ahora mismo.
Vania lo miró confundida.
Hugo la obligó a sentarse en el sofá y sacó de su bolsillo el recibo de la cena, dejándolo sobre la mesa de centro.
—¿Qué es esto? —preguntó ella, tomándolo.
Hugo soltó una risita burlona.
—Yo pagué la cuenta. Si lo reconozco, no hay delito.
La rabia de Vania aumentó.
—Entonces me estás estafando.
Hugo frunció el ceño.
—Tú fuiste la que no quiso reconocerme. Además, las disputas entre esposos se consideran asuntos domésticos. No te he agredido físicamente ni te he insultado. Señorita Zapata, no es como si no tuviera dinero. ¿No le pagaron cuatro años de sueldo de golpe cuando fue a la empresa? Y la óltima vez que le exigió a Cristina que le pagara los daños del auto, los cuarenta mil se convirtieron en ochenta. Supongo que ahora mismo tiene al menos un par de millones a la mano.
Vania por fin lo entendió.
Resulta que había dado tantos rodeos solo para recuperar el dinero que le había sacado a Cristina Figueroa.
Ah.
Ya lo captaba.
Le dolía el bolsillo de su amada cuñadita.
Vania no se anduvo con rodeos.
—Dinero no tengo. Mi sueldo es fruto de mi trabajo y los cuarenta mil fueron para reparar el auto. En cuanto a los otros cuarenta mil...
Vania miró a Hugo de pies a cabeza.
—Usted va todos los días a trabajar con su cuñada. Cobrarle una tarifa por alquiler no me parece descabellado. ¿Qué clase de hombre va a hacer trabajo físico a domicilio y no cobra?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...