Aquel día, Vania regresaba nuevamente de la base militar y decidió bajarse del auto a mitad del camino. Quería pasar por el centro comercial para comprarles algunas cosas a Davisito y a Luna.
Al salir del vehículo, Vania tuvo la extraña sensación de que alguien la estaba siguiendo.
Miró a su alrededor de manera discreta. El lugar estaba lleno de gente: algunos paseaban, otros iban directamente a comprar y otros jugaban con sus hijos. Era solo un presentimiento, pero sentía la mirada de alguien clavada en su nuca.
Su trabajo reciente era sumamente confidencial, lo que la había vuelto un poco paranoica.
Estaba en alerta máxima con cualquier persona a su alrededor, temiendo que algo pudiera salir mal. Al fin y al cabo, ahora cargaba con una gran responsabilidad.
Aceleró el paso hacia el interior de las tiendas, decidida a terminar sus compras rápido y regresar a casa.
Tras conseguir lo que buscaba, Vania se dirigió a la salida. Justo al llegar a la puerta principal, vio claramente cómo varios hombres saltaban repentinamente de una camioneta negra.
—¡Cuidado! —gritó.
Vania se dio cuenta de que los hombres llevaban armas de fuego en las manos.
A poca distancia, una mujer que no se había percatado del peligro inminente estaba en la línea de fuego. Uno de los sujetos levantó su pistola.
Sin pensarlo, Vania se abalanzó sobre la mujer y la tiró al suelo. La bala pasó silbando a centímetros de sus oídos.
La mujer le lanzó una mirada fulminante, dejando claro que no agradecía en absoluto la intervención.
En un abrir y cerrar de ojos, la mujer sacó un cuchillo y lo lanzó con precisión milimétrica hacia la muñeca del tirador. El arma cayó al suelo. Con un movimiento ágil, la mujer estiró la pierna, pateó la pistola hacia ella y derribó al hombre.
Una vez con el arma en sus manos, se escucharon un par de chasquidos rápidos. La mujer descargó las balas y desarmó la pistola en pedazos con una velocidad impresionante.
Los matones de la camioneta negra, que segundos antes se creían intocables, jamás imaginaron encontrarse con alguien tan letal. Huyeron aterrorizados.
Vania tampoco esperaba que esa desconocida fuera tan buena peleando. Pensó que estaba salvando a una civil en apuros, pero resultó que su intervención había sido innecesaria.
—Se nota que tienes muchos enemigos —le dijo la mujer justo cuando Vania estaba por irse.
Vania se detuvo, confundida por el comentario. Antes de que pudiera responder, el auto de Yago Leal apareció a toda velocidad y, con un derrape perfecto, se detuvo justo frente a ella.
—Vania, ¿estás bien? —preguntó Yago bajando apresuradamente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...