Vania se quedó helada.
¿Esos hombres realmente iban por ella?
—¿Pero por qué? —preguntó, incapaz de creerlo.
Yara la miró con frialdad.
—Por eso te pregunté si habías ofendido a alguien.
Si no hubiera sido por Yara, Vania jamás habría podido enfrentarse a una camioneta llena de matones armados.
—Aun así, te lo agradezco —dijo Vania mordiéndose ligeramente el labio.
¿Acaso su nueva posición y el proyecto de seguridad nacional en el que trabajaba la habían convertido en un blanco?
No era una idea descabellada.
—No es necesario —respondió Yara, dándole un rápido repaso con la mirada.
Así que esta era la famosa señora Yáñez.
Tenía que admitir que era bastante hermosa.
Yara guardó su cuchillo tras limpiarle las manchas de sangre.
Yago seguía analizando la identidad de Yara, manteniéndose en guardia.
Aunque la mujer era atractiva y sumamente hábil en combate, e incluso su supuesta placa sonaba a que estaba del lado de la justicia, a Yago le parecía demasiada coincidencia que hubiera salvado a Vania justo en ese momento.
—¿La Oficial Quiroz estaba de compras por aquí? —indagó él.
Yara apartó la mirada de Vania y ni siquiera se molestó en responder a la pregunta de Yago.
—Solo somos dos extrañas que se cruzaron en el camino. Una simple coincidencia. Aunque, señorita... —dejó la frase en el aire.
Antes de que Yago pudiera detenerla, Vania se presentó.
—Zapata, Vania Zapata.
—Señorita Zapata, el hecho de que alguien intente matarla a plena luz del día solo por salir de compras significa que su cabeza tiene un precio muy alto.
Sus palabras eran frías y cargadas de sarcasmo.
Parecía haber una hostilidad subyacente en su tono.
Vania, sin saber qué le había hecho para merecer ese trato, esbozó una sonrisa cortés.
—Tal vez fue un malentendido. No suelo ganarme enemigos.
Aunque, si de verdad tuviera un enemigo capaz de hacer algo así...
Vania cruzó miradas con Yago, quien evidentemente estaba pensando en lo mismo.
¿Hugo Yáñez?
Ambos pensaron en la misma persona.
Pero, ¿era posible? ¿Hugo contrataría sicarios para acabar con su vida?
A la propia Vania le parecía una idea absurda.
Yara resopló con desdén y le lanzó una última mirada a Yago.
Era guapo, sí, pero parecía el típico niño rico de adorno. No era su tipo.
Yara dio media vuelta y se marchó sin entrar al centro comercial, dejando a Yago sumido en sus pensamientos.
—¿De verdad será policía? Es demasiado fría —comentó Vania, sintiendo que Yara carecía por completo de empatía humana.
Yago le ayudó a cargar las bolsas y curvó los labios en una leve sonrisa.
—Quién sabe. A lo mejor ella también vino a buscar problemas.
Ambos sintieron un escalofrío al mismo tiempo.
Yago no perdió un segundo más, subió a Vania al auto y condujo directamente a la mansión de los Leal.
—¿Crees que alguien descubrió en qué estamos trabajando y por eso intentan hacernos daño para comprometer la seguridad nacional? —preguntó ella.
Yago no se atrevía a sacar conclusiones precipitadas, pero la aparición de Yara le parecía sumamente sospechosa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...