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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 191

Su mamá la amaba.

Por eso, ella también tenía que protegerla.

Vania acompañó a Luna a casa con una gran sonrisa, charlando sobre las cosas divertidas de la escuela.

Luna le contaba todo.

Qué compañerito se había peleado con quién, quién había lastimado a otro mandándolo a la enfermería.

Qué mamá cocinaba más rico. O ese niño al que le gustaba acusar a los demás y al que todos evitaban.

La personalidad de Luna se volvía cada vez más alegre y hablaba mucho más.

Vania miraba la emoción de su hija, olvidando por completo el disgusto de la tarde cuando Hugo le había transferido el auto a Cristina.

Si Hugo quería arrastrarse para complacer a Cristina, que lo hiciera. Ella tenía más de trece millones en su cuenta por los derechos del manga.

A lo sumo, se compraría un auto nuevo.

El dinero estaba para gastarse, así que lo decidió: se compraría una camioneta Rolls-Royce Cullinan.

Luna le había dicho una vez que el emblema frontal se veía imponente, y que ojalá su mamá tuviera uno igual.

Era el momento perfecto para cumplir el deseo de su hija.

La niña era tan madura que a veces rompía el corazón.

Hoy, Vania había tomado un taxi para recogerla. Al ver que el hermoso auto de su mamá ya no estaba, Luna solo se quedó pasmada un segundo, pero no dijo nada.

Vania sospechaba que la niña intuía que algo había pasado, pero para no ponerla triste, ni siquiera preguntó.

Mucho menos hizo un berrinche o lloró por haber perdido algo que le gustaba, como harían otros niños.

Vania se quedó con ella hasta que se durmió.

Hugo llegó a casa a las nueve.

Por el bien de Luna, Vania decidió no hacerle la ley del hielo por el asunto del auto y fue a buscarlo.

Para su sorpresa, él habló primero.

—Recuperé todos los manuscritos del manga. El dinero debe pagarse. Dime por cuánto vendiste los derechos la última vez y te transferiré esa cantidad.

Vania levantó una ceja. Qué generoso se había vuelto. ¿No le había sacado más de un millón antes para dárselo a su amante por unos miserables cuatrocientos mil?

Iba a decirle la verdad, que los había vendido por trece millones, pero antes de que pudiera abrir la boca, Hugo añadió.

—¿Cincuenta millones son suficientes?

Vania se llenó de alegría, pero no dejó que se notara.

—Por supuesto, Luna también es mi hija.

Con esa respuesta, Vania se dio por satisfecha.

Hugo regresó a su habitación, y justo cuando se preparaba para trabajar, recibió una llamada de Cristina.

—Hugo, Xavier me dijo que pronto habrá reunión de padres en la escuela y exigen que vayan ambos.

Xavier siempre ha estado acomplejado por no tener un papá. Tengo miedo de que se sienta mal al ver a los otros niños con sus padres. Por eso, ¿podrías ir ese día...?

Hugo dudó un segundo.

Cristina continuó:

—Luna y Xavier van a la misma escuela, sé que ella también tiene junta y entiendo que es difícil para ti...

Hugo la interrumpió.

—Ese día iré con ustedes.

—¿Pero qué pasará con mi hermana? —preguntó Cristina.

—La hija es de ella, no importa si yo no voy —sentenció Hugo.

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