Cristina perdió los estribos. —¡Vania, cállate de una vez! ¡Ya fue suficiente!
Levantó la mano con toda la intención de cruzarle la cara de una bofetada, pero Hugo la detuvo en el aire.
—¿De qué dinero están hablando? —exigió saber él.
Vania ya se había imaginado la reacción de Hugo, así que respondió con una sonrisa cargada de sarcasmo. —Tu mujer me debe, entre capital e in-
tereses, trece mil millones. Ni vendiendo sus casas, sus acciones o liquidando sus bienes le alcanzaría para tapar este hueco. ¿Acaso el señor Yáñez
tiene alguna intención de pagar la deuda por ella?
Cristina intentó mantener la poca dignidad que le quedaba y alzó la voz, aunque el rojo vivo de su rostro la delataba por completo. —¡Vania, deja de decir es-
tupideces!
—Para saber si digo estupideces, basta con revisar tu historial crediticio. Tienes embargos en proceso, cualquiera que lo busque en el sistema lo puede ver. ¿De verdad crees que puedes seguir ocultándolo?
Hugo clavó la mirada en Cristina. Su voz fue tan fría que le provocó un escalofrío en todo el cuerpo. —¿Eso es cierto?
Cristina apretó los dientes, sintiendo que se le llenaban los ojos de lágrimas. —No te preocupes, incluso si fuera verdad, lo pagaré con el dinero de mi familia. Hugo, por favor, no dejes que Vania te envenene la cabeza. Lo hace a propósito. Solo quiere destruir lo nuestro.
Me tendió una trampa. Me arruinó, hizo que perdiera todo el patrimonio de los Figueroa y se lo quedara ella. No tuve opción. Como no pude pagarle, ahora me quiere embargar hasta el alma.
A esas alturas, Cristina sabía perfectamente que ya no había forma de tapar el sol con un dedo.
En el pasado, Hugo habría saltado a defenderla sin dudarlo. Sin embargo, ella no quería su caridad; necesitaba aferrarse a la última pizca de orgullo que le quedaba.
Aun así, estaba convencida de que Hugo se pondría de su lado. Al fin y al cabo, ella era la señora Yáñez y le había dado un hijo a la familia.
Xavier Yáñez era su mayor seguro de vida, su comodín intocable.
Cristina rompió a llorar. Era la primera vez que se permitía mostrarse tan frágil y vulnerable frente a él.
Antes, no hacía falta ni que derramara una lágrima para que Hugo abriera los brazos y se convirtiera en su refugio impenetrable.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...