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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 646

Aquella noche, Vania había sido feliz.

Cuando terminaban, él se levantaba para ducharse y ella regresaba a su propia habitación a escondidas, sintiéndose miserable.

Ahora, al recordarlo, se daba cuenta de que la había tratado peor que a una mujer de la calle.

Todo lo que Hugo hacía en el presente no valía ni un centavo para ella.

Solo verlo le hervía la sangre. Dio un paso en falso y estuvo a punto de caer de bruces contra el pecho de Hugo, pero logró frenar en el último segundo. Se irguió con brusquedad, aunque, para cualquiera que estuviera mirando, pareció que Hugo la había sostenido por la cintura.

El Director Yépez, que había escuchado llegar el auto de Vania, se asomó justo para ver a Hugo con la mujer entre sus brazos. El estómago se le retorció en un nudo de celos incontrolables.

Recordaba perfectamente que esos dos ya estaban divorciados. ¿Por qué Hugo seguía tocándola y abrazándola como si nada?

—¿Tanta alegría te da ver a tu exnovio después de tantos años que hasta te tiemblan las piernas? —soltó Hugo con amargura. Ni él mismo sabía si estaba furioso con Vania o consigo mismo.

—Exacto. Pensar en lo dulces que éramos me afloja las piernas. No puedo ni sostenerme.

Vania le dedicó una mirada cargada de fastidio. Lo dijo por decir, pero Hugo lo interpretó a su retorcida manera.

Una sonrisa torcida apareció en los labios del hombre, seguida de un bufido gélido.

—Curioso que te tiemblen las piernas. Esa noche que me drogaste para meterte en mi cama, acabaste sangrando. Me pregunto de dónde sacas esa debilidad por tu ex.

Vania se puso roja de la furia y la vergüenza.

¿Acaso Hugo había perdido el juicio? ¿En qué clase de lugar se creía que estaban para soltar semejante barbaridad?

Había guardias de seguridad a pocos metros, pero estaban tan bien entrenados que ni pestañearon al escuchar la conversación.

Dante Yépez se acercó rápidamente, mirando las piernas de Vania con genuina preocupación.

—Comandante Zapata, ¿se lastimó la pierna otra vez?

Vania solía fingir que le dolía la pierna solo para huir de Hugo.

Dante no pensaba desaprovechar la oportunidad. Si algo le pasaba, estaba dispuesto a cargarla en brazos o en la espalda sin dudarlo.

Vania, avergonzada y sin saber si Dante había escuchado las vulgaridades de Hugo, se apresuró a aclarar la situación.

—No es nada, es que estos zapatos nuevos me aprietan un poco. Gracias por la preocupación, Director Yépez.

Teniendo a Dante cerca, Vania aprovechó para tomar distancia de Hugo.

Se pegó al lado de Dante, sacando temas de conversación al azar.

Capítulo 646 1

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