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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 647

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Al llegar a la sala de control, Vania y Hugo se quedaron completamente solos.

En ese lugar, salvo ellos dos y los ingenieros técnicos asignados diariamente, nadie más tenía permitido el acceso.

Vania se concentró por completo en la base de datos. Ni siquiera notó en qué momento Hugo se posicionó a sus espaldas.

Justo cuando introdujo la última línea de código e iba a presionar el botón de inicio, el inconfundible aroma a pachulí de la colonia de Hugo invadió sus sentidos, haciéndola estremecerse. Los dedos de Hugo rozaron el dorso de su mano. Vania intentó apartarse como si se hubiera quemado, pero ya era demasiado tarde.

Hugo tomó su mano con firmeza, deteniéndola sobre el teclado. Pegó su pecho a la espalda de ella y su voz profunda resonó directamente en su oído.

—Aquí tienes que introducir otra secuencia de datos. La información que te di antes tenía un error, no es culpa tuya.

Sin soltarla, guió sus dedos y presionó un número tres. Para cuando Vania reaccionó y abrió la boca para maldecirlo, Hugo ya se había apartado. Ahora estaba de pie a su lado, mirando la pantalla con el ceño fruncido, como si estuviera analizando algo de suma importancia.

Al ver su expresión de absoluta seriedad, Vania se tragó los insultos. Al fin y al cabo, estaban trabajando en un proyecto clasificado de seguridad nacional. El más mínimo error podía desatar una catástrofe para los soldados que realmente estaban en el frente de batalla.

—¿Cómo puedes entregarme datos erróneos en algo tan delicado? Comandante Yáñez, ¿acaso no revisas la información con cuidado?

Hugo frunció aún más el ceño, se llevó un dedo a los labios pidiendo silencio y articuló lentamente las palabras para que solo ella las leyera en sus labios:

—Hay un infiltrado.

Vania cerró la boca de golpe.

Aquello era un asunto muy grave.

Sabía que Hugo había descubierto algo. Un hombre tan astuto y calculador como él jamás entregaría datos equivocados por descuido. Podía bromear con cualquier cosa, menos con asuntos de seguridad nacional.

—Hablaremos cuando salgamos de la base.

Hugo dio un paso hacia ella, dándole la espalda a las cámaras de seguridad del techo, y volvió a mover los labios en silencio.

Vania asintió con un gesto casi imperceptible y continuó con el resto del trabajo en perfecta sintonía.

Ambos permanecieron en la base hasta completar las tareas del día. Dante se quedó vigilando la puerta en todo momento. Cuando finalmente salieron, él clavó una mirada profunda en Vania, sintiendo una punzada de dolor en el pecho.

Aunque no podía escuchar lo que hablaban a través del cristal, había visto cada uno de sus movimientos con total claridad.

Dante vio cómo Hugo se acercaba íntimamente a Vania, pareciendo a todas luces una pareja enamorada.

Si Vania y Hugo supuestamente tenían una relación rota e irreconciliable, ¿por qué permitía que se acercara tanto?

—Comandante Yáñez, Comandante Zapata, buen trabajo hoy.

Dante intentó separarlos de manera sutil. Sin embargo, al cruzar la puerta, Hugo aprovechó para apretar suavemente la mano de Vania, dándole a entender que debía irse pronto y que él la esperaría afuera.

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