«…»
Hugo soltó una carcajada cargada de ironía.
En medio de una situación así de tensa, a ella se le ocurría pensar que usaría a la pequeña Luna como escudo. Seguramente creía que, si él corría peligro, ella iría a rescatarlo solo por el bien de su hija.
—De acuerdo. Tú te llevas a Luna y yo distraeré al auto que nos sigue.
Por una vez, Vania se sintió satisfecha con la actitud de Hugo.
Incluso le dedicó una breve mirada de reconocimiento.
Al menos en ese momento se estaba comportando como un ser humano decente.
Antes de abrir la puerta para bajar, Vania se volvió hacia él:
—Si te mueres, le avisaré a tu madre para que recoja tus cenizas.
Considerando que habían estado casados, asegurarle que sus restos no quedarían tirados en la calle ya era bastante generoso de su parte.
«…»
Hugo le respondió con una cortesía sepulcral:
—Te lo agradezco. Pero te preocupas demasiado.
¡Pum!
Vania cerró la puerta de la camioneta con un fuerte golpe. Hugo detuvo el motor cerca de la entrada, esperando pacientemente.
El auto que los seguía se mantuvo a una distancia considerable, pero lo suficientemente cerca como para no perderlo de vista.
Él encendió un cigarrillo y expulsó el humo con calma.
Pasó un buen rato hasta que recibió un mensaje de Vania en su celular.
«Luna y yo ya estamos en el auto. Nos fuimos».
Hugo tecleó rápidamente: «Entendido».
Al leer el mensaje, soltó un suspiro de alivio.
El auto al fondo seguía estacionado. Hugo encendió el motor, avanzó a baja velocidad y, buscando deliberadamente una zona solitaria, metió la camioneta en un callejón sin salida.
Como era de esperarse, el otro vehículo entró tras él sin dudarlo.
Hugo bajó del auto de un salto, mientras que los guardias de su escolta privada ya habían bloqueado la salida del callejón por detrás. No había escapatoria.
Caminó directamente hacia el auto que lo seguía. Apenas la puerta se abrió y asomó el rostro de Saúl Zúñiga, Hugo le asestó un puñetazo.
Ni siquiera esperó a verle bien la cara; siguió lanzando golpes uno tras otro.
Pero Saúl tampoco se quedó de brazos cruzados. Se enfrascaron en una pelea de golpes rápidos y contundentes. Los escoltas de Hugo no intervinieron, pues no habían recibido la orden de hacerlo. Tras diez minutos de forcejeos, ambos terminaron magullados y con heridas superficiales.
Aun así, Hugo tenía claramente la ventaja. Saúl levantó las manos, pidiendo tregua.
—Comandante Yáñez, ya es suficiente.
Hugo lo fulminó con la mirada.
—Me seguiste todo el camino. ¿Cuál es tu excusa?
Si no le daba una buena razón, Hugo estaba dispuesto a arrastrarlo directamente ante un tribunal militar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...