Vania la miró con total indiferencia.
—Ah...
—¡Vania, ¿podrías concentrarte en trabajar de una buena vez?! Tu incompetencia de hoy es una cosa, pero ¿qué sentido tiene ir a buscar al señor Yáñez solo para llamar su atención? Mírate en un espejo. Llevas cinco años haciendo de todo y jamás has logrado que él te dedique una sola mirada. ¿Qué, ahora cambiaste de estrategia? ¿Crees que fingir ser una inútil e idiota logrará atraer la atención del jefe? Pues déjame decirte que solo cavarás tu propia tumba más rápido.
Vanessa se cruzó de brazos, soltando una risa fría.
—Además, deberías tenerlo muy claro. La señora Cristina, su esposa, siempre ha sido y será la mujer de la vida de nuestro jefe. Tú, aparte de una cara bonita, no le llegas ni a los talones a esa mujer.
Al escuchar finalmente de boca de otra persona algo relacionado con Cristina, Vania reaccionó y agarró a Vanessa por el brazo de golpe.
—¿La señora Cristina? ¿Cristina Figueroa es la esposa de Hugo Yáñez?
Vanessa se sobresaltó por el repentino movimiento, y tras unos segundos de pasmo, la miró con profundo asco.
—La señora Cristina es la cuñada del señor Yáñez, está casada con su hermano. Todo el corporativo lo sabe, ¡deja de hacerte la tonta! Te lo advierto, deja de hacerte falsas ilusiones, jamás podrás compararte ni con un solo cabello de la señora Cristina.
Mientras Vanessa la reprendía a gritos, Hugo y su asistente Miguel pasaban justamente frente a la oficina de Vania.
Ambos escucharon la conversación completa.
Miguel pensaba que Vanessa era bastante atrevida al hablar así. Pero como no paraba de adular a Cristina, ni siquiera él se atrevía a salir en defensa de Vania.
Nadie en ese corporativo entendía mejor que él el intocable estatus que Cristina tenía en el corazón de Hugo.
Tal como era de esperarse, Hugo siguió caminando sin detener el paso, sin la menor intención de abogar por Vania.
Y Miguel, por supuesto, no iba a meterse donde no lo llamaban.
—Dile a la secretaria Vania que me traiga un café a la oficina. Recién hecho —ordenó Hugo de repente al llegar a la puerta de presidencia.
Se había detenido tan de golpe que Miguel casi choca contra su espalda.
Por suerte, logró frenar a escasos centímetros de provocar un desastre.
El corazón casi se le sale del pecho por el susto.
—¿Eh?
*¿Un café a esta hora?*

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