Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 712

"Patricio"

Respiré profundo y me senté frente a mi amigo. Sabía que sería complicado para él entender, pero no contaba con ser agarrado tan desprevenido.

—En primer lugar, discúlpame por la forma en que te enteraste. Quería contarte personalmente y antes de que cualquier persona pudiera decirte cualquier cosa... —Empecé tratando de parecer mínimamente avergonzado, pero la situación era tragicómica en realidad.

—¡Ah, claro! Apuesto a que Ricardo está encubriendo esto. —Flavio se quejó.

—En realidad, no diría encubriendo... —Y ahí me estaba preparando para que se enojara conmigo otra vez. Solo me miró—. Flavio, las cosas pasaron, no fue nada premeditado y cuando me di cuenta ya no se podía evitar.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Traté de mantenerme lejos de ella, traté mucho. Pero tú nos impusiste esa tregua... —Me interrumpió.

—¿Ah, ahora la culpa es mía? —Estaba irritado, pero ya no tanto, sabía reconocer cuándo su rabia empezaba a disminuir.

—¡De cierta forma! Mira, me mantuve lejos de ella y la mantenía lejos justamente por saber que no te iba a gustar esto... entre otras cosas.

—¡Y no me gusta, Patricio! —Flavio gruñía como un perro rabioso.

—Pero nos obligaste a esa tregua en la boda y, hermano, tu hermana es linda, divertida, inteligente, ¡irresistible!

—Cuidado con lo que vas a decir. —Me alertó.

—Flavio, cuando Manu lanzó el ramo, ella lo agarró y salió llorando hacia adentro de la casa. Me preocupé y fui a ver cómo estaba. La encontré con una bandeja de empanizados de camarón.

—¡Joder, Patricio, la dejaste tratar de matarse? ¡Te pedí que la cuidaras! —El foco de Flavio cambió totalmente hacia la alergia de la hermana.

—Y justamente porque la estaba cuidando es que está bien. —Eso tenía que contar a mi favor, esperaba que contara.

—Es alérgica y se comió un empanizado de camarón. Eso no es cuidar.

—Se comió tres en realidad. —No sé para qué dije eso, me miró pareciendo furioso otra vez.

—Debería pegarte. —Amenazó, pero no lo tomé en serio.

—¡Pero no vas a hacerlo, tu esposa no te dejó! —Me reí y me miró de reojo—. Mira, se los comió y tuvo una crisis alérgica, le apliqué la inyección y la cuidé. Pero ahí, Flavio, no resistí, no pude seguir lejos y la besé y, no voy a negar, me gustó, me gustó mucho, me gustó tanto que quise más.

—¿Me vas a enredar y decir que solo besaste a mi hermana y nada más?

—No, porque somos todos adultos y por lo que viste, no hace falta que explique hasta dónde llegamos.

—¡Ah, por el amor de Dios! ¡Nunca voy a olvidar lo que vi! —Se frotó las manos en la cara. Era tan dramático que estaba casi riéndome.

—¡Entonces no necesitas escucharlo tampoco! —Respiré profundo antes de continuar—. Flavio, me conoces, sabes que no soy irresponsable y sabes que no sería justamente con tu hermana. Fui totalmente sincero con ella.

—¿Ese idiota no te rompió la cara?

—No, te dejó a ti hacer eso. —Me reí.

—¡Es un engreído! Siempre me deja el trabajo sucio, ¡desde niños! —Flavio ahora estaba enojado con el hermano.

—Flavio, ¡me gusta! No estoy usando a tu hermana como pretexto para nada y mucho menos para tratar de olvidar a nadie. No puedo explicar, no sé qué es, pero quiero estar con ella. Me encanta, me vuelve loco por ella, me hace quererla más y más.

—Hermano, eso hasta lo entiendo, me sentí así, me sentí así por mi bajita al principio. Y Lisa es linda y tiene un efecto muy positivo sobre las personas. Pero ¿necesitabas haberte llevado a mi hermanita a la cama? —Tal vez Flavio me entendiera, pero necesitaba entender también que su hermana era una mujer adulta y que yo no jugaría con sus sentimientos.

—Mira, para que te quedes tranquilo, Virginia quedó atrás, es pasado. Se fue, sufrí, pero ya fue. Y desde que regresé Lisandra ocupa cada pensamiento mío fuera del trabajo.

—Patricio, hablando así hasta parece... —Flavio se interrumpió y me miró fijamente—. Ay, Dios mío, puedo arrepentirme de esto, pero no te voy a romper la cara.

—¿Y vas a seguir siendo mi amigo? —Lo miré esperanzado.

—¡Eres muy caradura! —Dio una pequeña sonrisa—. Patricio, eres un gran tipo, lo sé muy bien. Pero te voy a decir solo una cosa, ¡no la lastimes! Porque si eso pasa y tengo que tomar partido, sabes bien de qué lado voy a estar. Y si haces sufrir a mi hermana, ahí sí te voy a romper la cara.

—¡Y estarás lleno de razón, cuñado! —Remarqué bien la palabra cuñado y él sacudió la cabeza tratando de contener la risa—. ¿No me gano un abrazo? —Me puse de pie y abrí los brazos, él se levantó y ya estaba riéndose cuando me abrazó.

—¡Quiero ver cuando vayas a hablar con mi papá! —Flavio se rio y me rasqué la cabeza, pero ni tuve tiempo de responder, pues sonó el timbre.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)