Roxana, que ya conocía las habilidades de combate de ambos, se mantuvo impasible.
Pero para Yara y Mónica, que nunca los habían visto pelear con esa intención asesina, la escena fue completamente aterradora.
Especialmente para Yara.
Ella pensaba que Patricio era solo un enfermo a punto de morir. ¡Nunca imaginó que fuera un hombre tan letal!
Entonces... ¿por qué se había acercado a ella? ¿Cuál era su verdadero objetivo?
Al escuchar la amenaza de Valeriano, Patricio soltó una carcajada cargada de burla.
—Si pudieran matarme, ¿creen que habrían esperado hasta hoy?
—No te hemos matado no porque no podamos, sino porque alguien más está arriesgando el cuello para protegerte —replicó Roxana, mirándolo con frialdad.
Patricio sabía perfectamente a quién se refería. Sus ojos vacilaron por un segundo antes de volver a clavarse en ella.
—Roxana, esta noche es un momento muy especial, tu tío nos invitó a cenar. ¿Estás segura de que quieres perder el tiempo conmigo aquí?
Roxana, por supuesto, no tenía intención de perder el tiempo. Solo había salido para averiguar qué planeaba hacer Patricio.
—Patricio Solís, no me importa con quién te acuestes o a quién utilices, pero si te atreves a poner tus sucias manos sobre mi familia, te mataré sin pensarlo dos veces.
No bajó la voz al decirlo. Sus palabras resonaron claramente; no solo Yara las escuchó, sino también Mónica, que estaba escondida a pocos metros.
El corazón de Mónica latía desbocado.
Aterrada de ser descubierta, se tapó la boca y la nariz con ambas manos.
¿Qué demonios estaba pasando?
¿No se suponía que Patricio era el novio de Yara?
¿Por qué parecía que él y Roxana se conocían de antes y, además, tenían una rivalidad a muerte?
¿Y qué quiso decir Roxana con esa última frase?
¿De verdad sería capaz de matar a alguien?
El rostro de Yara era un poema de confusión y terror. No entendía absolutamente nada de la conversación.
¿Qué papel jugaba ella en medio de todo este odio cruzado?

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