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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1234

Todos los presentes comenzaron a relatarle al Rey Alberto una por una las atrocidades del Conde Aris, incluyendo lo que le había hecho a Roxana Soler.

—¡Insolente! Eres un Conde, tu deber es ser leal a tu país y servir a tu pueblo. En cambio, ¡has intentado usurpar el trono! ¡Es un delirio de locos!

El Rey Alberto estalló en furia. Nadie se atrevió a hacer el más mínimo ruido.

El ambiente en el salón casi se podía cortar con un cuchillo.

En ese momento, Roxana intervino.

—Su Majestad, lo que ha hecho el Conde va mucho más allá de esto. En esta memoria USB está el registro detallado de todas sus operaciones, incluyendo los atroces experimentos con seres humanos. Puede comprobarlo usted mismo.

El Rey Alberto se quedó estupefacto. No podía creer que su propio hermano hubiera cometido semejantes horrores a sus espaldas.

Miró la memoria USB con evidente repulsión, pero tragándose el asco, decidió revisar su contenido.

Había más de doscientos videos y miles de fotografías.

Eran los registros de todas las organizaciones que el Conde había creado en el País M y alrededor del mundo.

Había imágenes de niños pequeños sumergidos en agua helada, infantes y adultos que habían muerto en camas de operaciones quirúrgicas, e incluso personas encerradas en celdas en forma de colmena, como si fueran ganado en La Cripta...

Hasta las pruebas médicas ilegales que se realizaban en el Hospital Edson estaban documentadas.

El Rey Alberto apenas vio un tercio del contenido y no pudo soportar más.

—Declaro que, a partir de este instante, el Conde Aris queda despojado de su título real y reducido a un ciudadano común. Todas estas pruebas serán entregadas al Tribunal de Seguridad, donde permanecerán bajo su estricta custodia. Una vez que se consolide toda la evidencia, este caso será llevado a juicio público.

Al escuchar la sentencia, el Conde Aris supo que todo estaba perdido.

No suplicó piedad ni intentó defenderse.

En cambio, clavó una mirada llena de odio en Roxana.

—Nunca me imaginé que tuvieras un as bajo la manga. Te subestimé. ¡Pero no me iré con las manos vacías! ¡Tu prometido y tus dos hermanos bajarán a hacerme compañía al infierno!

Zachary palideció de terror.

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