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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1235

¿Morir?

Al escuchar esa palabra, Yara Soler reaccionó y comenzó a clamar inocencia.

—¡Sí, fue el Conde quien nos obligó! ¡Yo soy inocente, hace tiempo que me arrepentí de mis errores! Roxana, tienes que creerme, te juro que esta vez no quería hacerte daño. Si fui al castillo, fue porque Agustina me amenazó. ¡Si no me creen, investíguenlo, no estoy mintiendo!

Como Roxana no la había visto antes, creyó que Yara había huido por su cuenta. No se imaginaba que aún tendría la osadía de seguir confabulando junto a Agustina.

No le dirigió ni una sola palabra.

En su lugar, se volvió hacia Valeriano y sus dos hermanos para preguntarles si estaban heridos.

—Estamos bien, no te preocupes. Veníamos preparados y, como vimos que ellas dos iban hacia allá, las dejamos ir primero para que despejaran el camino —explicó Patriciano, acomodándose los lentes.

Mateo asintió con la cabeza.

—Exacto. Si ellas no hubieran activado los explosivos primero, tal vez no habríamos salido ilesos.

Roxana comprendió de inmediato; las dos mujeres estaban quemadas porque habían servido de señuelo involuntario.

—Basta de palabrería. Ya que están involucradas en sus crímenes, serán detenidas en espera de una investigación. Muy bien, que todos se retiren. Necesito hablar a solas con la Doctora Serena.

El Rey Alberto dio la orden, y nadie se atrevió a desobedecer.

Los guardias comenzaron a evacuar la sala.

Julián y Valeriano intercambiaron miradas de preocupación; temían que el Rey ordenara retener a Roxana.

Sin embargo, ella les dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—No se preocupen, estaré bien.

Solo entonces, Julián y Valeriano accedieron a retirarse.

Cuando el salón quedó completamente vacío, el Rey condujo a Roxana a una sala privada.

Ya a solas, el Rey Alberto fue directo al grano.

—Lo que ocurrió hoy pudo haberse evitado. Pero sabías todo esto y decidiste guardar silencio para que todo explotara en público. No solo arruinaste el banquete real, sino que pisoteaste el prestigio de la Familia Real. ¿No crees que me debes una explicación?

La presencia del Rey, curtida por años de autoridad, emanaba una presión imponente.

Pero Roxana no se dejó intimidar. Al contrario, respondió con una calma desafiante:

—Si yo le hubiera entregado todo en privado, ¿realmente habría castigado al Conde?

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