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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1233

El Conde Aris notó la furia en los ojos de Zachary, pero no se detuvo y continuó hablando.

—Sé que lo que hice fue ruin, pero no tenía otra opción. Ya había perdido a Sasha, no podía darme el lujo de perder a Romy también. Lo que no esperaba era que, al ser tan pequeña, los pulmones de Roxana Soler terminaran dañados por el humo del incendio. Por eso la arrojé al Orfanato del Valle, un lugar donde entrenan asesinos, para que su cuerpo se fortaleciera. Y, para mi sorpresa, me volvió a impresionar.

»Era muy inteligente y sumamente tenaz. Así que empecé a observarla, año tras año. Si no fuera porque la salud de Romy empezó a deteriorarse, me habría dolido tener que sacrificarla.

»Pero las cosas se complicaron. Para cuando logré estabilizar el cuerpo de Romy y prepararla para la cirugía, la niña ya había sido adoptada y se había rodeado de personas muy poderosas. La protegieron de tal forma que ni siquiera yo me atrevía a tocarla. Más tarde, te conoció a ti y se convirtió en una invitada de honor de la Familia Real. A partir de ahí, me fue imposible actuar abiertamente contra ella.

Al llegar a ese punto, el propio Conde no pudo evitar suspirar. Esa chica era demasiado extraordinaria.

—Entonces, ¿se supone que debo darte las gracias?

Al escuchar esa voz fría y familiar, Zachary levantó la cabeza de golpe y se dio cuenta de que, sin saber cómo ni cuándo, alguien había aparecido a su lado.

Al enfocar la vista, ¡se dio cuenta de que era Roxana Soler!

—¿No estabas atrapada en La Cripta? ¿Cómo llegaste aquí?

Roxana se había quitado su vestido de gala y ahora llevaba una chaqueta negra deportiva. Su hermoso rostro estaba cubierto por un aura helada.

—Esos inútiles no podían retenerme.

El Conde se levantó bruscamente. Sus manos se apretaron por reflejo hasta que recordó que él era quien tenía el arma. Soltó una risa gélida.

—¿Cuál es la prisa? En cuanto termine con estos asuntos, me encargaré de ti.

—Ya no tienes oportunidad —respondió Roxana, impasible.

—¡Qué buen chiste! He llenado este lugar con mis hombres. ¡A una sola orden mía, todos ustedes morirán aquí mismo!

—Entonces inténtalo.

Al ver su arrogancia estando al borde de la muerte, el Conde les hizo una seña a sus guardaespaldas.

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