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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1236

Los eventos de esta noche se coronarían como el peor escándalo en el País M de los últimos años.

Y el hecho de que su hermana hubiera sido la orquestadora principal significaba que el Rey no iba a dejarlo pasar así como así. Hablar a solas con ella, muy probablemente, era un intento de marcar territorio e intimidarla.

—No pasó nada. El Rey no nos culpó por nada. Al contrario, prometió resolver el asunto del Conde Aris adecuadamente y asegurarse de que algo así no vuelva a suceder. Incluso nos encargó la tarea de erradicar los remanentes de su organización y prometió darnos todo el respaldo necesario en el futuro.

Valeriano alzó las cejas, sorprendido.

—¿El Rey cedió tan fácilmente?

—Sí, la verdad es que no es una persona difícil de convencer —Roxana se guardó un detalle: ahora ella tenía en sus manos el control sobre la figura del Rey. Él no tenía más opción que acceder.

Patriciano y Mateo tampoco ocultaron su asombro.

—¿Eso significa que a partir de ahora puedo caminar por el País M sintiéndome el dueño del lugar?

Roxana se rio al escucharlo.

—¿Acaso Patriciano planea caminar de lado como un cangrejo de ahora en adelante?

Mateo también soltó una carcajada, y la tensión que había en el aire desapareció de inmediato.

—Vámonos, ya es hora de regresar a casa.

Valeriano tomó la iniciativa y jaló suavemente a Roxana hacia él.

—Mateo, Patriciano, Roxana se irá en mi auto.

Sin esperar a que protestaran, la hizo subir al vehículo.

Apenas cerró la puerta, Valeriano notó que Roxana tenía un pequeño corte en el dedo del que aún brotaba sangre. El corazón se le encogió.

—Me prometiste que no te lastimarías, ¿cómo te hiciste esto?

Roxana estuvo a punto de decir que era solo un rasguño, pero vio cómo él, con el ceño fruncido y expresión solemne, sacaba una toallita desinfectante, limpiaba la herida con infinita delicadeza y luego le ponía una curita con diseño de duraznos en el dedo.

—No mojes tu mano hoy, para que no se te infecte ni empeore.

Roxana jamás imaginó que él pudiera darle tanta importancia a una herida tan diminuta. Una sonrisa se dibujó en sus labios, silenciosa pero genuina.

Al levantar la vista, Valeriano la descubrió sonriendo.

Sintió como si algo le diera un vuelco en el corazón.

Aunque esta vez no llevaba un vestido deslumbrante, su belleza seguía siendo tan abrumadora que le aceleraba el pulso a mil por hora.

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