Pero nadie imaginó que se trataba de una muchacha tan joven y hermosa.
De inmediato, la forma en que todos miraban a Roxana se volvió mucho más intensa y codiciosa.
Gisela, furiosa por el «consuelo» de Vera, huyó directamente hacia el baño de mujeres.
Yara Soler, al verla irse, la siguió rápidamente.
Mónica Montes ya había estado buscando a Yara con la mirada, y al ver que se dirigía a los baños, soltó una risita disimulada y fue tras ellas.
Dentro del baño, Gisela estaba perdiendo el control, estrellando los aromatizantes contra el suelo por la rabia.
En ese momento, la puerta se abrió.
—¡Lárgate! —gritó Gisela con furia.
—Gisela, soy yo —dijo Yara, entrando y cerrando la puerta detrás de ella—. No te alteres, solo es la primera ronda. Estoy segura de que le ganarás en la segunda.
Al ver que era ella, la ira de Gisela no disminuyó. Se giró para mirarse en el espejo, con la respiración agitada.
—¡Por supuesto que le voy a ganar! ¡Una médica de pacotilla no tiene oportunidad contra mí!
—Acaban de trapear el piso con tu cara y todavía tienes el descaro de autoengañarte. Vaya optimismo el de las niñas ricas.
De repente, una voz cargada de sarcasmo resonó desde uno de los cubículos.
Gisela y Yara se pusieron a la defensiva al instante.
—¡¿Quién está ahí?! ¡Sal ahora mismo!
La puerta del cubículo se abrió lentamente.
Salió una chica de pelo corto hasta los hombros. Sus rasgos no eran particularmente hermosos, pero sus ojos brillaban como dos zafiros, emanando una energía perturbadora.
Gisela ya estaba al borde del colapso, y ver a una don nadie burlándose de ella fue la gota que derramó el vaso.
—¡Y tú quién te crees que eres! ¿Te atreves a burlarte de mí? ¡Si quiero, puedo hacer que desaparezcas de Veridia esta misma noche!
Yara, aunque no era tan agresiva como Gisela, adoptó un tono lleno de arrogancia.
—No tienes pinta de pertenecer a una familia importante. ¿De dónde sacas el valor para hablar así? La ignorancia de verdad que te hace atrevida. No tienes ni idea de tu lugar en el mundo.

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