La mirada de Mateo se volvió tan fría como la escarcha.
—Para que actúe de una forma tan inescrupulosa, las fuerzas que lo respaldan no deben ser poca cosa.
—Sí. Hasta el momento, he descubierto que hay dos organizaciones involucradas. Una es la Legión Death y la otra es una organización llamada la Secta del Hado. Pero no estoy familiarizada con ninguna de las dos.
Al escuchar los nombres de estas dos organizaciones, Mateo frunció un poco el ceño.
—No sé mucho sobre la «Secta del Hado», pero sí he oído hablar de la Legión Death, e incluso tengo un informante que es un miembro de bajo rango de esa organización.
Roxana no esperaba que su hermano mayor tuviera un informante en la Legión Death y preguntó de inmediato:
—Mateo, ¿tendrías tiempo de organizar un encuentro entre esa persona y yo?
Mateo comprendió al instante sus intenciones.
—Claro, yo me encargaré de organizarlo. Ya es tarde, no interrumpiré más tu descanso.
—Mateo. —Al ver que estaba a punto de irse, Roxana lo detuvo—. Aunque Yara ya no está en la casa, es probable que intente volver a toda costa. Los abuelos aún no saben lo que hizo y podrían ceder.
Los ojos cálidos de Mateo se volvieron fríos por un instante, pero en la comisura de sus labios se dibujó una leve sonrisa.
—No te preocupes. Los abuelos no contestarán ninguna de sus llamadas.
Al escucharlo, Roxana también sonrió.
—Gracias, Mateo.
La confianza y la indulgencia que su hermano mayor le demostraba eran incluso mayores que las de sus propios padres.
También era el único en la familia que la protegía con tanta firmeza.
La mirada de Mateo se suavizó de repente y le dijo con un tono amable:
—¡No tienes que agradecerle a tu hermano mayor! Ya sea yo, nuestros padres, o nuestros abuelos, todo el amor que sentimos por ti es sincero. Es solo que ellos vieron crecer a Yara y la acompañaron por más de diez años. Hay ciertos lazos afectivos que no se pueden cortar de la noche a la mañana, así que no los culpes.

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