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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 103

—¿Qué pasa? ¿Quieres entrenar conmigo? —Roxana odiaba tener que mirar hacia arriba, así que se recostó perezosamente en el respaldo de la silla—. Con ese físico que tienes, no podrías ganarme.

Estaba diciendo la verdad, pero para Caleb, esas palabras sonaron como una inmensa provocación.

—Roxana, Caleb solo te preguntó por curiosidad. Si no quieres decirle, déjalo así, no hay necesidad de usar palabras tan hirientes —intervino Yara Soler, acercándose también.

Había escuchado palabra por palabra el anuncio de la radio y ya había visto en sus grupos de mensajes los videos detallados de lo que pasó frente a la oficina del rector.

Simplemente no lograba comprender por qué Don Abelardo protegía con tanto empeño a alguien como Roxana.

Llena de frustración, Yara no iba a desaprovechar la oportunidad de buscarle problemas.

Roxana apoyó un pie en el suelo; su hermoso rostro irradiaba rebeldía.

—Yo siempre he sido así. Si no lo soportan, aléjense de mí.

¡Todavía que venían a interrumpir su comida, se atrevían a darle lecciones morales!

Yara se sintió furiosa y avergonzada al ver que Roxana no le daba ni una pizca de respeto, pero se vio obligada a mantener su fachada impecable.

—Roxana, sé que no quieres que me meta en tus asuntos, pero antes de salir de casa, mis padres me pidieron que cuidara de ti. Ya que les di mi palabra, no puedo simplemente hacerme de la vista gorda.

Antes de que Roxana pudiera responder, las amigas de Yara comenzaron a protestar.

—Algunas personas simplemente no tienen vergüenza. A pesar de estar equivocadas, ni siquiera reflexionan y encima atacan a quienes se preocupan por ellas.

—¡Exacto! ¡Hasta un perro sabe mover la cola en agradecimiento a quien lo alimenta!

Roxana perdió la paciencia. Dejó los cubiertos sobre la mesa y se puso de pie. Tenía las extremidades largas y delgadas, y aunque su postura era relajada, emanaba una presencia imponente.

Los miró con frialdad.

—Vengan todos juntos, así ahorramos tiempo.

El grupo, que hace un segundo estaba lleno de indignación, se calló al instante tras escucharla, mirando a Caleb como pidiendo ayuda.

La mirada de Roxana también se detuvo en él, entrecerrando los ojos, esperando su movimiento.

Sin embargo, Caleb, bajo la mirada de todos, no solo no se ofendió por la actitud de Roxana, sino que curvó los labios en una sonrisa.

—Por hoy lo dejaremos pasar. En otra ocasión te pediré que me instruyas.

Al menos, no decían cosas que pudieran ser usadas en su contra.

En el poco tiempo que Roxana tardó en terminar de comer, alguien ya había subido a la red interna de la escuela el video de su pelea.

El video se volvió viral en cuestión de segundos, causando un revuelo enorme, e incluso hubo un pequeño grupo de detractores que, tras ver su increíble habilidad de combate, cambiaron de opinión y comenzaron a admirarla.

[Ya decía yo que el rector no dejaría entrar a una novata a la Academia de Élite así nada más. Esta chica realmente tiene talento.]

[¡Sí! Esa mesa del comedor es de acero inoxidable y además tiene cuatro sillas pegadas. Ni siquiera un grupo de chicos podría levantarla como si nada, y ella la mandó a volar de una patada con total ligereza.]

[Sin mencionar que su récord de 5 kilómetros en 12 minutos en la Prueba de Aptitud Física y esa patada voladora me dejaron sin aliento. Empiezo a confiar en el criterio del rector.]

[¡Con esa resistencia, seguro que hasta el Campeón de Atletismo, León Valdés, se quitaría el sombrero ante ella!]

Tras ese último comentario, los fans de León Valdés aparecieron de inmediato.

[Oigan, hablen de ella si quieren, pero no metan a otros. Nuestro Campeón de Atletismo entró a la Universidad del Sur con méritos propios, incluso participó en competencias nacionales y obtuvo excelentes resultados. ¡Eso no se compara con Roxana Soler!]

[Exacto. El nombre de León Valdés tiene peso en el mundo del deporte. A esa tal Roxana nadie la conoce en ese ámbito, no intenten lavarle la imagen.]

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