Roxana conocía a Francisca desde hacía un buen tiempo, y por lo general, ella no la buscaría tan tarde a menos que fuera una urgencia.
[Claro, nos vemos en media hora.]
—Roxana.
Apenas envió el mensaje, escuchó que Mateo la llamaba. Lo miró de inmediato y se topó con el rostro serio y severo de su hermano. —¿Qué pasa, Mateo?
—El tío Marcelo acaba de llamar para decir que Mónica venía a buscarnos. Dijo que salió hace una hora, pero ahora no responde el teléfono ni pueden localizar el GPS de su auto. Está preocupado. ¿Te has comunicado con ella?
Al escucharlo, Roxana presintió que a Mónica le había pasado algo.
—No, no me he comunicado con ella.
Para ser exactos, ni siquiera tenía el número de Mónica.
Mateo miró rápidamente a su alrededor, pero no vio a Yara. —¿Y Yara?
Los demás negaron con la cabeza.
Desde que llegó la jefa, toda su atención se había centrado en ella; nadie se había fijado en Yara.
Mateo frunció el ceño con frialdad. ¿Acaso a Yara también le había pasado algo?
Justo en ese momento, Yara empujó la puerta y entró.
Al ver que todos la miraban, se arregló instintivamente el largo cabello. ¿Acaso estaban deslumbrados por el maquillaje que acababa de retocarse en el baño?
—¿Por qué me miran así?
Mateo, al ver que estaba bien, se relajó un poco y preguntó: —Yara, ¿Mónica se ha comunicado contigo? El tío Marcelo acaba de llamar para decir que no logra localizarla.
Él solo preguntaba por preocupación, pero en los oídos de Yara, sonó a sospecha e interrogatorio.
Apenas el día anterior la habían echado de la familia Soler, y ahora la desaparición de Mónica recaía sobre ella.

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