Desde que el Maestro Ezequiel le informó que su hermano había huido con Dulce, Roxana supuso que saldrían del país, pero jamás imaginó que irían a parar a Bahía Coral, una zona completamente ajena a la red de protección de su familia materna.
Roxana ya había compartido todo lo que sabía con Valeriano.
Juntos habían desplegado todos sus recursos para rastrear a Darío y a Dulce.
Pero lo que no esperaban era que el rastro los llevara fuera de su área de influencia tan rápido.
—Si Darío cruzó la frontera, ¿por qué no vino a buscarnos? ¿Por qué se fue a meter directo a Bahía Coral? —Valeriano analizó la situación con el ceño fruncido.
El veneno en el sistema de Dulce aún no había sido erradicado por completo. Lo lógico era que Darío buscara desesperadamente a Roxana. No tenía sentido que se la llevara a un nido de víboras donde ella no estaba.
Roxana llegó a la misma conclusión en cuestión de segundos.
—La única explicación es que Darío no pudo venir hacia mí.
Valeriano no lo entendió al principio, pero luego la comprensión iluminó sus ojos.
—Quieres decir que lo estaban acorralando... o quizás emboscaron su ruta y tuvo que desviarse.
Ella asintió. No había otro escenario posible.
Al ver la expresión decidida de su prometida, Valeriano supo lo que estaba por venir. Se giró hacia Leandro y le dio órdenes tajantes:
—Prepara mi jet privado de inmediato. Además, envía un escuadrón a vigilar los movimientos de Darío y repórtame cualquier cambio al segundo.
Roxana se sintió reconfortada al ver que él ya estaba movilizando todo antes de que ella lo pidiera.
Esa conexión, donde un simple intercambio de miradas bastaba para entenderse a la perfección, le daba una paz inmensa.
—Yo iré a las instalaciones de M&R Global para recoger unos suministros —anunció Roxana.
—¿Quieres que te lleve?
—No hace falta, yo conduciré.
Mientras manejaba de regreso a la empresa, Roxana llamó por teléfono a su hermano mayor, Mateo Soler, para avisarle que partiría hacia Bahía Coral esa misma noche y que regresaría al día siguiente.
Mateo no intentó detenerla, sabiendo lo capaz que era, pero le insistió repetidas veces en que tuviera cuidado.

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