En poco tiempo, todos los presentes en el salón principal formaron un gran círculo a su alrededor.
Por un lado, la fundadora de la lujosa marca Maison Milán.
Por el otro, la discípula de élite del Maestro Beltrán.
Y para rematar, el desafío era pintar. Nadie creía que Roxana pudiera salir victoriosa.
Después de todo, hacer bocetos de joyas y pintar un cuadro artístico eran dos universos completamente diferentes.
Muchos, de hecho, solo estaban esperando el momento en que Roxana hiciera el ridículo.
El centro del salón fue despejado. Los empleados hicieron el ademán de sacar un par de caballetes, pero Rita los detuvo.
—No usaremos caballetes. Ya que nos han dejado todo este espacio libre, podemos pintar directamente en el suelo, una a la izquierda y la otra a la derecha. ¿Qué te parece?
La propuesta de Rita provocó que los invitados soltaran exclamaciones de asombro.
Incluso aquellos que no sabían nada de arte entendían lo extremadamente difícil que era pintar a ras de suelo para una persona común.
Y más aún, pintar en simultáneo y a la vista de todos.
Para el público, aquel tipo de competencia era todo un banquete visual.
Pero para las participantes, representaba una presión inmensa.
Dejando de lado las habilidades técnicas, el simple hecho de estar en una competencia tan expuesta destruiría los nervios de cualquiera que no tuviera fortaleza mental.
Si Roxana fuera inteligente, rechazaría la propuesta.
—Me parece bien —respondió Roxana con calma. Eligió el lado en el que ya estaba parada, recorrió el espacio vacío con la mirada y, habiendo visualizado su obra, añadió—: Estoy lista.

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