—¿Quiénes son esas personas? —preguntó Roxana, al ver que Patricio parecía estar al tanto de todo.
No quería verse arrastrada a un problema sin saber qué pasaba.
Sin embargo, Patricio no respondió directamente. Con terquedad, insistió:
—¿Vas a aceptar mi condición o no?
—¡Tú no tienes derecho a meterte en las decisiones de Roxana! —le reprochó Valeriano, molesto por su tono exigente y mirándolo con frialdad.
Patricio giró la cabeza y posó la mirada en él por unos segundos. Nadie podía descifrar qué pasaba por su mente.
—¡Señor Sandoval! —exclamó Leandro, subiendo las escaleras a toda prisa—. Acabo de ver en las cámaras de seguridad que más de diez vehículos se dirigen hacia aquí...
Antes de que pudiera terminar, vio la pantalla que Valeriano estaba observando y cambió de tono.
—Ya lo vio.
Al verlo llegar, Valeriano ordenó de inmediato:
—Revisa las placas.
Leandro sacó su tableta y empezó a buscar rápido, pero descubrió que las placas no coincidían con los modelos de los autos.
—Señor Sandoval, las placas son falsas. Por ahora, no podemos obtener información útil.
Al escuchar esto, Roxana tuvo la certeza de que Patricio sabía lo que estaba pasando.
—Como no quieres hablar, tampoco te voy a rogar. Nos vamos.
Dicho esto, tomó a Valeriano de la mano y se dio la vuelta para marcharse.
Leandro no esperaba que se fueran tan de repente, así que también se dio la vuelta para bajar y reunir a sus hombres.
—Roxana, ¿de verdad te vas a negar a salvar a mi hermana? —preguntó Patricio, frustrado. Al principio pensó que ella solo estaba jugando con él para tomar el control de la situación, pero nunca imaginó que se marcharía sin siquiera mirar atrás.
Valeriano miró a Roxana. Sabía que ella y Francisca se conocían desde sus peores épocas, por lo que su vínculo era especial.
Pero, debido a Patricio, la relación entre ambas se había vuelto muy tensa.
Por eso, decidió no interferir en su decisión y caminó a su lado en silencio.
—¡Roxana, te ofrezco algo que buscas y la vida de Dulce a cambio! ¡Solo te pido que te lleves a mi hermana! —gritó Patricio, finalmente cediendo.
Roxana se detuvo. Esa condición no estaba nada mal.
—Bajen ustedes primero —dijo ella.

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