Al escuchar esto, Don Rafael sintió un nudo en la boca del estómago.
Habían pecado de ingenuos. Habían dado por sentado que, teniendo a Darío y a Yara a su lado, Roxana no tendría ningún problema para adaptarse al ambiente universitario. Si hubieran sabido que esto iba a pasar, jamás habrían permitido que su hija se alejara de ellos.
Darío se quedó helado.
De pronto recordó cómo había presionado a Roxana exigiéndole que le diera una oportunidad a Yara, sin detenerse a pensar en lo que ella sentía. ¡Se odiaba tanto en ese momento que tenía ganas de abofetearse a sí mismo!
El silencio en la sala cayó como una pesada red, asfixiando a todos los presentes.
Aunque Mateo comprendía el dolor de sus padres y de su hermano menor, no hizo el menor intento por consolarlos.
—Papá, mamá, no sé por qué decidieron enviar a estudiar a otra ciudad a la hermana que acabábamos de recuperar. Pero lo hecho, hecho está. La culpa y los lamentos no le sirven de nada a Roxana ahora. Lo que tenemos que hacer es asegurarnos de que se integre de verdad. Y para que ella logre adaptarse a su propio hogar, lo mejor es que Yara desaparezca de la ecuación.
Marina y Rafael asintieron, dándole la razón.
—Si Roxana se guardó los conflictos que tenía con Yara, seguramente fue para evitarnos disgustos —suspiró Marina—. Ya sabemos que cometimos un error inmenso. A partir de hoy, ella será nuestra única prioridad.
—Tu madre tiene razón —afirmó Rafael con voz firme—. Si trajimos a Roxana de vuelta fue para cuidarla como se merece y reunir a nuestra familia, no para que sufriera humillaciones. Fuimos negligentes, pero eso se acabó.
Mateo asintió con frialdad.
—Enviaré a algunas personas para vigilar los movimientos de Yara. Se ha vuelto inestable, y no podemos descartar que haga una locura. Les pido que, de ahora en adelante, se mantengan al margen de sus asuntos. Ya le di instrucciones a Doña Agustina para que me informe cualquier novedad.
Temía que el corazón blando de sus padres terminara aislando a su verdadera hermana para siempre.
Rafael y Marina soltaron un profundo suspiro al unísono y asintieron.

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