Desde el estudio en el segundo piso, Thiago Silva observaba la desesperación de los Maldonado por agradar a los demás y no lograba comprender la situación.
Valeriano Sandoval estaba sentado en su silla de ruedas.
Esa noche llevaba un impecable traje formal de tres piezas en tono gris carbón, hecho a medida, que resaltaba su figura delgada pero imponente, dándole un aire de absoluta distinción.
El pañuelo azul marino en su bolsillo combinaba a la perfección con el reloj de cristal de zafiro en su muñeca, irradiando una presencia madura y cautivadora.
Al escuchar a su amigo, respondió con indiferencia:
—Fue mi abuela quien los invitó. Ella no sabía que yo ya había cerrado todos los asuntos pendientes con los Maldonado.
Thiago asintió, comprendiendo la situación.
Luego, se fijó en Darío Soler, quien estaba sentado a un lado, muy concentrado viendo algo en su celular. Thiago chasqueó la lengua y bromeó:
—Oye, Darío, llevas pegado al teléfono desde que entraste. ¿Qué pasa? ¿Viniste a celebrar a la Matriarca o solo viniste a robarle el wifi a Valeriano?
Darío también vestía un traje elegante, pero en un tono azul profundo.
Cada uno de sus movimientos desbordaba la confianza propia de un joven de cuna de oro.
—No fastidies. Estoy escuchando a mi hermana interpretar «El Manantial de las Nubes». Es una pieza de un nivel tan absurdo que ni el mismísimo Maestro Ezequiel puede tocarla a la perfección. ¡Y mi hermana lo hace de maravilla!
Al escuchar el nombre de «El Manantial de las Nubes», un ligero destello cruzó por los profundos ojos de Valeriano.
—Esa persona de la que hablas... ¿es tu hermana biológica?
—¡Por supuesto! Si fuera Yara, no estaría tan sorprendido —respondió Darío con una sonrisa de puro orgullo.
Thiago, al ver que ambos estaban atrasados con los chismes, comenzó a burlarse de ellos.
—De Valeriano lo entiendo, porque él siempre está tapado de trabajo, pero tú, Darío, sí que vives debajo de una roca. Esa noticia ya tiene días circulando y apenas te vienes enterando para presumirla. ¡Si yo fuera tu hermana, ya te habría desheredado como hermano!
Ese último comentario dio justo en la inseguridad más grande de Darío.
De inmediato, se puso a la defensiva:

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