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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 900

—La cantidad es limitada, como máximo puede noquear a veinte personas. En la base había cientos de hombres, así que el gas habría funcionado apenas a un treinta por ciento de su capacidad. No valía la pena desperdiciarlo.

Bastián sonrió, lleno de esperanza.

—¡Esa es una excelente noticia! Allá abajo no hay más de veintiséis hombres. Si logramos dormir a veinte, ¡los demás serán pan comido para nosotros!

Sin embargo, a Valeriano no le pareció tan buena idea. Su atención no estaba en la eficacia del gas somnífero.

—¿Por qué dijiste "ustedes tres"? ¿Acaso no te quedarás con nosotros?

Roxana notó su disgusto y se apresuró a explicarle:

—Leandro y Daniel necesitan refuerzos, y como Tigre y Bastián ya casi no tienen fuerzas, es necesario que tú o yo nos quedemos aquí. Pero yo soy más ágil, me muevo más rápido y domino el uso de armas ocultas, así que tiene más sentido que yo vaya con ellos.

Además, la Jefa Akna está grave; si voy yo, podré atender sus heridas en cuanto la encuentre.

Valeriano había pensado en insistir, pero su último argumento lo dejó sin palabras.

Él no sabía nada de medicina. Incluso si lograba rescatar a Leandro y a los demás, de todos modos iba a necesitar que Roxana los revisara después.

Eso solo significaría hacerla correr de un lado a otro.

Era más sensato dejarla ir desde el principio.

El tiempo no le permitía darle muchas vueltas al asunto, así que la tomó de la nuca y la besó profundamente en los labios.

Al ver la escena, Tigre y Bastián voltearon hacia otro lado.

Bastián, al notar que Layna seguía viéndolos con los ojos muy abiertos, la jaló rápidamente para que se diera la vuelta, no fuera a ser que el jefe se enojara con ellos después.

Roxana pudo sentir su miedo y angustia a través de aquel beso, y le correspondió con pasión, tratando de tranquilizarlo.

Unos diez segundos después, Valeriano la apretó contra su pecho y le advirtió con voz ronca:

—No te arriesgues a lo tonto. Si hay algún problema, llámame de inmediato. No te lances a la pelea tú sola. Piensa en mí antes de tomar una decisión.

—De acuerdo.

Roxana sabía que su costumbre de actuar en solitario lo tenía con los nervios de punta, así que esta vez se mostró dócil y obediente.

Valeriano la soltó con pesar, pero justo antes de que ella diera la vuelta, le repitió:

—Iré a reunirme contigo lo más rápido que pueda.

—Está bien, aquí te espero.

Roxana asintió con suavidad y de inmediato salió corriendo hacia el exterior del campamento.

Al mismo tiempo, Valeriano siguió el plan y lanzó los tubos de bambú con precisión milimétrica hacia las llamas.

Roxana corría a toda velocidad. Por el camino, veía troncos de árboles perforados y decenas de casquillos vacíos regados por el suelo.

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