En la cabina de control.
Roxana revisó las grabaciones de las cámaras de seguridad.
No tardó en localizar un video en una de las cámaras automáticas de barrido panorámico y llamó a Paula.
Paula aún estaba intentando coordinar al equipo técnico. Con decenas de cámaras en el lugar, pensó que tardarían horas en encontrar el ángulo correcto, pero Roxana lo resolvió en un abrir y cerrar de ojos.
Se acercó a la pantalla y vio claramente la «caída aparatosa» que Yara había fingido en una superficie totalmente plana.
—Tenía entendido que ella y Brenda eran íntimas amigas, pero con amigas así, ¿quién necesita enemigas? Menos mal que el día que regresaste a casa te diste cuenta de su verdadera naturaleza de inmediato. Si no, sabe Dios cómo te habría manipulado.
Roxana soltó una risita suave.
—Paula, tengo una vista excelente. No se me escapa nada.
Paula sabía que la joven no era ninguna novata. Era astuta y brillante en todo lo que hacía.
—Tienes toda la razón, jefa.
—Pero esto no será suficiente, Paula. Con el nivel de devoción que Brenda le tiene a Yara, es muy probable que, aunque le pongas el video frente a la cara, se niegue a creerlo.
Paula arqueó una ceja.
—¿Hay pruebas y no va a creerlas? ¿Acaso está cegada por la manipulación?
—Ya lo verás.
***
Llegó el turno de la última participante: Gisela presentó su propio diseño.
Era una impresionante colección de joyas engastadas con diamantes. Las líneas eran fluidas, el diseño minimalista, y los bordes tenían un sutil toque dorado que le daba un aire de elegancia clásica y encanto francés.
El público estalló en aplausos.
En los camerinos, Brenda escuchó la ovación y se puso aún más pálida.
Rogaba en silencio que Paula le diera una solución antes de que anunciaran los resultados finales.
De lo contrario, no sabría qué decirle a su familia al regresar.
Pero el tiempo pasaba y nadie aparecía.
—Señorita Durán, los resultados están a punto de revelarse. La producción solicita que todos los diseñadores suban al escenario.
Un miembro del personal llamó a la puerta para apresurarla.
Con el estómago encogido, Brenda salió hacia la pasarela.
Al subir, buscó desesperadamente a Paula entre la multitud, pero no logró verla.

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