Sin embargo, por más divertido que fuera, no tenía ninguna intención de seguirles el juego.
—No me interesa. No voy a ir.
Ricardo creyó que ella se negaba porque estaba resentida de que no le ofrecieran de inmediato un cargo gerencial. Su tono se volvió un tanto recriminatorio.
—Escúchame bien, aunque eres mi hija, en la empresa Maldonado no existe el nepotismo. Todos los títulos y ascensos se ganan con mérito propio. Si logras resultados destacables en el nuevo proyecto, te aseguro que papá te recompensará.
Roxana, ya más que acostumbrada a la actitud arrogante del hombre, lo ignoró por completo, como si de una molesta mosca se tratara.
Se dirigió hacia la familia Sandoval y dijo:
—Puesto que Doña Beatriz ya está fuera de peligro, no me quedaré más tiempo.
Fernando y Verónica, notando la obvia frialdad entre ella y la familia Maldonado, y teniendo que ocuparse de los asuntos internos de la casa, no quisieron retenerla, así que le pidieron a Valeriano que la acompañara a la salida.
—Vamos, te acompaño —dijo Valeriano, mirándola con unos ojos habitualmente estoicos, pero que en ese momento revelaban algo menos de indiferencia.
Roxana no se negó, se dio la vuelta y se encaminó a la salida.
Al verse menospreciado una vez más, Ricardo apretó los puños a los costados.
¡Maldita hija desobediente!
Por su parte, Elena, aunque irritada, sentía sobre todo una gran satisfacción.
Había pensado que Roxana se estaba haciendo de rogar para sacarles mayor tajada, pero resultó ser una estúpida incapaz de ver la oportunidad que le servían en bandeja de plata.
Pero era mejor así; todo lo de la familia Maldonado debía pertenecerle únicamente a Alcira, ¡y nadie se lo quitaría!
Al igual que su madre, Alcira se alegró por la insolencia de Roxana.
«Como dicen por ahí, la mona, aunque se vista de seda, mona se queda. Siempre fingiendo ser digna e intocable».
¿Acaso creía que, después de rechazarlo tantas veces, su padre seguiría rogándole que se uniera al proyecto?
¡Ja, que siga soñando!
—Señor Sandoval, discúlpennos por favor. Roxana siempre ha sido muy testaruda y no le gusta acatar órdenes. Ya es tarde, así que no los molestamos más.


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