A Darío no le quedó más remedio que escuchar impotente cómo ambos discutían sobre el Hongo de Vida Eterna, algo que podría sacudir por completo el ámbito de la medicina, como si hablaran de cualquier objeto común.
Su perspectiva del mundo entero había sido puesta de cabeza.
Valía la pena mencionar que, durante los años en que Valeriano había estado en coma profundo, él se había desvelado tratando de hallar una solución.
Pese a haber intentado más de cien alternativas, no había encontrado ni un ápice de cómo disipar ese veneno.
Y ella, con solo tomarle el pulso a Valeriano en una ocasión, ya tenía un plan.
Poco antes, estos dos afirmaban que encontrar el antídoto era poco menos que imposible, ¡pero ahora, tras unos cuantos días, no solo tenían la invaluable Hierba Ígnea de Sangre, sino que estaban a punto de adquirir el Hongo de Vida Eterna!
¡Era absolutamente inconcebible!
¿Acaso le ocultaban todavía más secretos?
Ese pensamiento intensificó su recelo.
Al salir del hospital, él se interpuso entre los dos, mirando a Valeriano con una sonrisa de cortesía.
—Valeriano, voy a llevar a Roxana a la Universidad del Sur. Como nos queda a desmano, puedes volver por tu cuenta.
Dicho esto, sin esperar la respuesta de su interlocutor, instó a Roxana a subirse al auto.
Era innegable que Roxana estaba agotada últimamente y planeaba regresar al campus para dormir un rato, así que accedió sin darle más vueltas al asunto.
Leandro, al presenciar la prisa de Darío, se sintió intrigado.
—Presidente Sandoval, ¿qué le ocurre al joven Darío? Parece estar desesperado por perderle de vista.
Valeriano observó cómo el coche de Darío se alejaba y desvió su mirada profunda.
—No le hagas caso, regresemos a la empresa.
***
Roxana había pensado cerrar los ojos un rato durante el trayecto, pero apenas lo hizo, el móvil empezó a vibrar incesantemente.
Y vibró repetidas veces.
Sin más remedio que abrir los ojos, lo sacó para revisar.
Los primeros mensajes en pantalla eran de Sonia.
[¡Roxana, ya se confirmó que el Concurso de Música Dorada se llevará a cabo en la Universidad del Sur! ¡Eres la invitada especial, así que ni se te ocurra fallarme!]
[Estarás en el escenario junto al Maestro Ezequiel entregando premios a los tres mejores. Eso sí, ¡ni se te ocurra presentarte sin una gota de maquillaje! ¡Arréglate un poco!!!]
Roxana respondió con presteza: [Hecho.]
Aparte de eso, despachó un par de mensajes más provenientes del instituto de investigación farmacológica.
Una vez resueltos todos sus pendientes, el auto se detuvo en las afueras de la Universidad del Sur.
Ella se preparaba para abrir la portezuela, pero Darío se bajó antes y se la abrió con rapidez.
Roxana lo miró con perplejidad.
¿A qué venía tanta caballerosidad repentina por parte de su hermano?
Darío se acarició la nariz, disimulando:
—Ejem...
No lograba explicarse por qué, de buenas a primeras, sentía un temor irracional a que algún sujeto bajo el disfraz de caballero le robara a su hermana.
Era su propia hermana y, como tal, él tenía el derecho y el deber de ser quien la consintiera.
—Darío, ¿qué haces aquí en la Universidad del Sur? ¿Sabías que iba a salir y viniste especialmente a recogerme?
Apenas se bajó del auto, Roxana escuchó la voz llena de sorpresa y alegría de Yara.

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