Apenas salieron de aquel lugar apartado, vieron a Roxana y a Don Abelardo siendo abordados por una multitud de periodistas. A diferencia de las mujeres que iban del brazo de sus acompañantes, Roxana no se aferraba a Don Abelardo; simplemente estaba de pie junto a él, recibiendo con serenidad la luz de los flashes.
Esa noche, Roxana lucía un vestido largo de corte impecable. Aunque no se distinguía la marca, su apariencia atraía todas las miradas. Sumado a su tez luminosa, suave como la porcelana, y a su elegancia natural, eclipsaba a cualquiera en el evento.
Parecía que todos los demás se convertían en simples extras a su alrededor.
Yara sintió un golpe brutal al ver esa escena.
Llevaba todo un semestre en la Universidad del Sur y jamás había tenido siquiera la oportunidad de ver a Don Abelardo, y mucho menos de sacarse una foto con él.
¿Por qué Roxana obtenía su reconocimiento y protección apenas llegar?
¿Y qué si era un genio musical? Su propio talento no se quedaba atrás, y tenía a la familia Soler respaldándola. ¿Por qué el rector no le mostraba ese mismo respeto a ella?
—Roxana.
Darío sabía que su hermana era bonita, pero no esperaba que, una vez arreglada, luciera tan deslumbrante.
—Darío —saludó Roxana y luego miró a Yara. Su tono se volvió notablemente más frío—. Yara.
Yara creía que Roxana ni siquiera le dirigiría la palabra. Justo cuando iba a usar eso como pretexto para armar un drama, escuchó su nombre y respondió con una sonrisa forzada.
—Roxana.
Darío notó que a su hermana no le agradaba mucho Yara, pero no comentó nada. Sabía que Roxana tal vez tenía cosas que hablar con Don Abelardo, pero considerando la visita de su tío mayor, no dudó en preguntar:
—Roxana, papá, mamá y nuestro tío Marcelo tienen un palco reservado esta noche. ¿Te gustaría venir a saludar al tío Marcelo?
Anteriormente, Roxana ya había escuchado a Elba mencionar que la familia Montes era una dinastía médica. Dado que había un familiar mayor presente, le pareció correcto ir a saludarlo, así que aceptó.
—Rector, vaya usted al palco. Más tarde lo buscaré.
Don Abelardo asintió, comprendiendo que era momento para que se reuniera con su familia, y se retiró primero.
Como el palco ubicado frente al escenario principal estaba exclusivamente reservado para Roxana y no estaba disponible para nadie más, la familia Soler solo pudo reservar el palco de al lado.
Roxana y los demás ya podían escuchar risas y charlas desde el interior antes de entrar.
Entre ellas, reconoció dos voces familiares.

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