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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 939

Cuando Roxana colgó el teléfono y regresó al pasillo, vio a lo lejos al médico y a su asistente —los mismos que la habían menospreciado en la sala de emergencias— de pie a poca distancia.

Al verla, ambos se acercaron apresuradamente.

La expresión de Roxana se volvió gélida y su mirada se llenó de indiferencia.

El doctor, que iba al frente, notó su actitud defensiva y, dándose cuenta de que lo había malinterpretado, se detuvo de inmediato para disculparse con sinceridad.

—Señorita Soler, por favor no se alarme, solo vinimos a pedirle perdón. En la sala de emergencias fuimos sumamente arrogantes al subestimar sus conocimientos, y la juzgamos sin siquiera entender de métodos alternativos, tachándola de estafadora. Fue un error de nuestra parte y le suplicamos que nos disculpe.

—Así es —agregó el asistente—. No debimos criticar sus métodos sin conocer los hechos, y mucho menos quedarnos de brazos cruzados mientras usted intentaba salvar una vida; eso va en contra de toda ética profesional. Ya le hemos pedido perdón a la paciente y ahora se lo pedimos a usted. Lo lamentamos profundamente.

Ambos se quedaron en silencio, y al ver que Roxana no respondía, el nerviosismo los invadió.

El médico no pudo evitar añadir: —El señor Montes también nos reprendió por nuestra ceguera. Nos dijo que usted no solo es la legendaria doctora M, sino también la maestra farmacéutica de fama internacional, la Doctora Alma. Fuimos unos ignorantes al creer que su edad limitaba su talento. Una vez más, le ofrezco mis más sinceras disculpas y espero que no nos guarde rencor.

Al ver que sus disculpas eran genuinas y que no intentaban evadir su responsabilidad, la expresión de Roxana se suavizó.

—Acepto sus disculpas, pero espero que algo así no vuelva a repetirse.

—¡Por supuesto que no! ¡Jamás volveremos a juzgar por las apariencias! —prometieron ambos al unísono.

—Bien, si no hay nada más, pueden retirarse. —Roxana iba a seguir su camino, pero el médico la siguió un par de pasos.

—Doctora Alma, tengo una petición un tanto atrevida.

Al ver el brillo en sus ojos, Roxana supo de inmediato lo que iba a decir. —Puede hacerme preguntas, pero no ofrezco tutorías personales.

Los ojos del médico se apagaron por un segundo, pero al escuchar que sí podía consultarla, volvieron a iluminarse.

Sacó rápidamente una libreta que ya tenía preparada. —Justamente tengo dos casos médicos que no logro resolver. ¿Podría ayudarme a revisarlos para saber en qué me equivoqué?

Al ver que venía tan bien preparado, Roxana lo rechazó sin rodeos: —Hoy estoy exhausta. Lo dejaremos para otro día.

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