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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 396

Darío se sintió un poco más tranquilo.

—Menos mal. Lo de anoche fue bastante fuerte, le hará bien descansar.

Mientras hablaban, llegaron Nicanor, Luisa Soler y Elba Llorens.

—¡Primo Darío! ¿Cómo estás? Cuando mi mamá y yo nos enteramos de lo que pasó, no pudimos pegar el ojo en toda la noche. Vinimos en cuanto amaneció —Elba, en el fondo, le tenía pavor al carácter impredecible de Darío, pero recordando el objetivo de su visita, se tragó el miedo y adoptó un tono lleno de falsa preocupación.

Al verlos entrar, la sonrisa de Darío se apagó un poco, aunque mantuvo la cortesía.

—Mucho mejor.

Luisa se dio cuenta de inmediato de la presencia de Valeriano y un brillo codicioso cruzó por sus ojos. Rápidamente, se acercó a la cama de Darío.

—¡Ay, muchacho, eres demasiado impulsivo! ¡Poner tu vida en riesgo por salvar a una desconocida! Gracias a Dios solo fue en el hombro, pero si la bala hubiera dado unos centímetros más allá, ¡te habría dado directo en el corazón! Prométeme que no volverás a hacer una locura así, ¿entendido?

Nicanor también puso cara de preocupación.

—Darío, esta vez tienes que escuchar a tu tía. Estuvo toda la noche en vela para prepararte un remedio para la sangre.

Aunque Darío no le tenía mucho cariño a su tía Luisa, escuchar que a pesar de estar enferma se había desvelado por él lo conmovió un poco.

—Tía, tu salud es delicada, no deberías trasnochar. Además, mi mamá también hizo sopa; mi hermana, Valeriano y yo ya tomamos bastante, no creo que nos quepa ni una gota más.

Luisa no esperaba que su jugada maestra de hacerse la buena tía terminara siendo rechazada con tanta naturalidad. Se tragó su molestia y, con una sonrisa maternal, continuó:

—No te preocupes. Esta sopa se puede calentar más tarde. Con esa herida, no puedes comer nada pesado ni picante, el caldo es lo mejor.

A Marina nunca le había caído en gracia su cuñada, pero ver que genuinamente se preocupaba por su hijo ablandó un poco su postura.

—Gracias, Luisa, es un buen detalle. Pero Darío tiene razón, tú eres la que más necesita cuidarse. Deja de preocuparte por estas pequeñeces.

Al notar que Marina había bajado la guardia, Luisa sonrió suavemente.

—Cuñada, no digas eso, somos familia. Darío es tu hijo, pero también es mi sobrino. Cualquier cosa que le pase es de suma importancia para mí.

Como si quisiera asegurarse de que todos en la habitación lo vieran, dejó caer el pañuelo al suelo, fingió entrar en pánico y lo recogió de prisa, balbuceando:

—Elba, no digas tonterías. Eso no es sangre, es... es el bordado rojo del pañuelo.

Nicanor corrió hacia ella, siguiendo el guion a la perfección.

—¿Desde anoche te sentías mal? ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Y todavía te pones a hacer caldo de madrugada para Darío! ¡Nunca piensas en ti misma!

Su patética actuación teatral no engañó a Darío.

La sonrisa desapareció de su rostro, y notó que mientras Nicanor hablaba, su mirada se desviaba disimuladamente hacia Valeriano.

Ahí comprendió a qué había venido la familia Llorens.

Roxana y Valeriano también lo entendieron al instante.

Sin embargo, Rafael y Marina aún no se daban cuenta del juego, y de hecho, las palabras de Nicanor los hicieron sentir algo culpables.

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