Rafael vio el rostro pálido y demacrado de su única hermana y, lleno de preocupación, se apresuró a decir:
—Luisa, ahora mismo voy a organizar un equipo médico especializado para que te hagan un chequeo exhaustivo.
Luisa bajó la mirada y, con tono resignado, sacudió la cabeza.
—Hermano, conozco perfectamente mi cuerpo. Ya solo me queda aferrarme al tiempo que me resta. Tarde o temprano esta enfermedad me consumirá por completo. No vale la pena malgastar recursos en estudios.
Elba, al escuchar eso, se echó a llorar de inmediato.
—¡Mamá, no digas eso! ¡Aún soy menor de edad, todavía no me he casado! ¿Cómo puedes dejarme sola? Mi tío es el hombre más rico del país, conoce a los mejores especialistas, ¡seguro que encontrará la manera de curarte!
Luisa miró a su hija llorando y, por un segundo, sintió verdadera tristeza.
—Mi pobre Elba, es culpa mía por tener una salud tan frágil que te hace sufrir de esta manera. Pero, ¿qué podemos hacer contra el destino? Claro que quiero estar ahí el día de tu boda, pero si no logro aguantar, prométeme que... que no me guardarás rencor.
Elba, que en principio solo estaba actuando, se contagió de la tristeza de su madre y rompió a llorar de verdad, abrazándose a ella con desesperación.
Durante las últimas semanas, como la familia Soler las había ignorado por completo, sufrieron bastantes humillaciones en la propia familia Llorens.
Fue en ese momento que Elba se dio cuenta de lo mucho que necesitaba el apoyo y el cariño de su tío.
Si su padre había aceptado viajar hasta un lugar tan insignificante como Puerto Esperanza, era únicamente para pedirle un favor a Rafael.
Ver a madre e hija llorando abrazadas ablandó por completo el corazón de Marina, haciendo que también se le llenaran los ojos de lágrimas.
Al fin y al cabo, acababa de recuperar a su verdadera hija, Roxana, y aún estaban construyendo ese vínculo maternal. Ponerse en los zapatos de Luisa la llenó de una angustia terrible.
—Luisa, tu hermano y yo conocemos tu situación, por eso no hemos dejado de buscar médicos para ti. Hace un par de días tuvimos noticias de la maestra Vera Herrera, a quien tu hermano ha intentado contactar desde hace mucho.
—Así es —añadió Rafael de inmediato—. Me informaron que la maestra Vera volverá pronto al país. Apenas llegue, usaré todos mis contactos para lograr que te atienda.
La maestra Vera Herrera era una leyenda médica con mucha más experiencia y prestigio que la famosa Doctora Serena, que ahora estaba en boca de todos. Estaba a un nivel completamente superior al de Robin Wilson, a quien intentaron contactar inicialmente.

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