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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 403

Hospital.

Roxana y León preguntaron por los pasillos hasta dar con la habitación de la madre de Silvano.

Antes de llegar, escucharon un escándalo espantoso.

—¡Eres una cualquiera y criaste a un bastardo infeliz! Si no hubieras solapado a tu hijo para difamar al mío, ¡jamás lo habrían expulsado de la Universidad del Sur! Mi hijo es el único heredero legítimo de la familia Sarmiento. ¡No te creas que porque mi esposo les da migajas, tienen derecho a competir con nosotros! ¡Al final del día, solo eres la amante que se esconde en las sombras! ¡Si tuvieras un gramo de vergüenza, ya te habrías muerto!

Roxana, que tenía un oído excelente, reconoció la voz al instante. Era la misma mujer que, la noche anterior, se había aliado con los Maldonado para atacar al Centro de Desarrollo Phoenix.

Antes no había podido ponerle rostro, pero ahora las piezas encajaban.

De pronto, se escucharon ruidos secos.

Sonaba como si alguien estuviera siendo sometido contra el suelo.

Inmediatamente después, un grito desgarrador resonó en el pasillo.

—¡No toques a mi mamá!

Roxana reconoció la voz de Silvano. Su mirada se enfrió.

—Vamos a ver.

León, al darse cuenta de que Silvano estaba en problemas, la siguió rápidamente.

Dentro de la habitación.

Leonor de Sarmiento, envuelta en un abrigo de piel, miraba desde arriba a Silvano, quien estaba inmovilizado en el suelo por dos guardaespaldas. Levantó el pie, le dio una patada en el pecho y gritó:

—¡Pequeño bastardo! ¡Quién te crees que eres para darme órdenes a mí!

Llevaba tacones de aguja. La patada le arrebató el color del rostro a Silvano debido al intenso dolor.

Pero los dos hombres lo mantenían aplastado contra el piso.

Incapaz de protegerse, solo pudo intentar encoger su cuerpo.

—¡Ah... mi niño!

Al verlo tan lleno de furia, pero arrastrándose como un perro inútil, Marco sintió un enorme placer, liberando el coraje que tenía acumulado en el pecho.

—Silvano, te sugiero que no te muevas. Mientras más te resistas, más sufrirá tu madrecita al verte. Imagínate si por tu culpa se altera y le da otra hemorragia... Te vas a quedar huérfano.

Su voz destilaba un aire de superioridad enfermiza, burlándose cruelmente de la incapacidad de su medio hermano.

Todo este escándalo ya había llamado la atención de los pacientes de otras habitaciones.

Pero al ver a los dos enormes guardaespaldas custodiando la puerta, todos entendieron de inmediato que los agresores eran personas intocables. Nadie se atrevía a intervenir.

Solo murmuraban en voz baja desde afuera.

—¡Qué crueldad! Esa pobre mujer es piel y huesos, no le queda mucho tiempo, ¡y aún así esos monstruos no la dejan en paz!

—Dicen que las amantes son lo peor, pero esa mujer arrogante que grita ni siquiera parece la esposa legítima ofendida. En cambio, la pobre señora enferma siempre habla bajito y con amabilidad. Yo ya dudo de quién es la verdadera intrusa aquí...

—Sea como sea, ¡masacrar así a una madre y a su hijo es una reverenda bajeza!

—Sí, recuerdo que hace poco esa señora casi se muere por una hemorragia. La tuvieron en urgencias como diez horas. ¡Quién sabe cómo va a terminar hoy después de tanto estrés!

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