Desde el pasillo, Roxana y León escucharon con perfecta claridad tanto los ruidos de la habitación como los murmullos de la gente.
Lo que más detestaba León en el mundo era el abuso a los más débiles, ¡especialmente esa calaña de personas que aplastaban a otros hasta casi matarlos!
—Jefa, no lo soporto más. Voy a darles una lección.
Roxana ya sabía de la tensa relación entre Marco y Silvano, pero no imaginaba que el nivel de abuso fuera tan extremo, así que no lo detuvo.
Aunque León seguía siendo estudiante, su físico y reflejos superaban por mucho a los de una persona promedio.
Al enfrentarse a los dos inmensos guardaespaldas de la puerta, no cedió ni un centímetro.
Tras un rápido intercambio de golpes, le dio una tremenda patada a uno de ellos, lanzándolo por los aires hacia el interior de la habitación.
Para asegurarse de que todos en el pasillo escucharan sus insultos hacia Silvano y su madre, Leonor se había sentado justo frente a la puerta abierta. El guardaespaldas que salió volando aterrizó directamente sobre ella.
Con un estruendo sordo, ambos cayeron al suelo, enredados.
Leonor soltó un alarido digno de un matadero.
—¡Ah! ¡Mi cintura! ¡Mi brazo!
—¡Mamá! —Marco nunca imaginó que alguien se atreviera a intervenir por Silvano y su madre. Corrió furioso, la ayudó a levantarse y luego gritó hacia la puerta—: ¡Qué imbécil se atreve a meterse en los asuntos de la familia Sarmiento! ¡¿Acaso ya no quieres vivir en Puerto Esperanza?!
La única respuesta que obtuvo fue otro estruendo desgarrador.
El segundo guardaespaldas se estrelló contra el marco, partiendo la puerta de madera a la mitad por el impacto.
Todos los presentes en el pasillo contuvieron la respiración.
Entre la nube de polvo, Marco vio entrar a una figura con un aura imponente y helada.
Sus ojos ardieron de rabia.
—¡León Valdés! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Te atreviste a lastimar a mi mamá! ¡Vas a ver, le diré a mi papá que te expulse de la Universidad del Sur!
Aunque León era un alumno algo famoso en el campus, para Marco no dejaba de ser un simple estudiante. No le tenía ningún miedo.
León no se inmutó.
—Si tu asquerosa familia tiene tanto poder, ¡inténtalo y vemos cómo te va!
—¡Rómpanle las piernas! ¡A ver si así le quedan ganas de seguir de héroe!
Al recibir la orden, los guardaespaldas apuntaron directamente a la parte baja de León.
Desbordado por los ataques, León cometió un error. Uno de ellos le agarró la pierna y lo tiró al suelo.
¡Inmediatamente después, otro hombre saltó en el aire y lanzó una patada brutal en forma de látigo, apuntando directo a su rodilla!
Aterrado, León gritó con todas sus fuerzas:
—¡Jefa Roxana, sálvame!
Silvano, que seguía intentando consolar a su madre, levantó la cabeza incrédulo al escuchar ese nombre.
Lo primero que vio fue una silueta esbelta y elegante.
¡Luego, observó cómo esa figura se movió a una velocidad tan impresionante que dejó una estela borrosa, atravesando la puerta y derribando a todos los matones con tres movimientos precisos!
Cuando Marco y Leonor se dieron cuenta de que quien acababa de entrar era Roxana Soler, se quedaron pálidos del terror.

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