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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 415

A las afueras de la ciudad, frente a una fábrica abandonada.

Sentada en el asiento trasero de una reluciente camioneta Hummer, con las largas y radiantes piernas cruzadas elegantemente, Roxana bebía un jugo recién exprimido.

Al poco tiempo, Sexto se acercó a la puerta del vehículo, mostrando una sonrisa aduladora.

—Jefa, ya encerramos a la madre y a la hija ahí dentro. ¿Quiere pasar a verlas?

Roxana arqueó una ceja con indiferencia.

—Vamos.

Abrió la puerta y, sosteniendo su jugo con una mano, caminó hacia el edificio.

—Jefa, este lugar está muy despejado, el sol le va a quemar. Mejor camine por la sombra, ¿sí? —Sexto la seguía como un perrito faldero, intentando hacerle sombra con las manos.

Los demás pandilleros miraban hacia el cielo o fingían observar el suelo. Nadie se atrevía a mirar a su jefa en esa actitud tan sumisa por parte de su líder.

Cuando llegaron a la entrada de la fábrica, Sexto vio a sus hombres parados como estatuas y estalló:

—¡Acaso son idiotas? ¿No ven que aquí no hay dónde sentarse? ¡Vayan a traerle una silla a la jefa!

—No es necesario —lo interrumpió Roxana, entrando al lugar.

De inmediato, vio a Luisa y a Elba. Estaban sentadas en el suelo sucio, con las manos atadas a la espalda y los ojos vendados.

Temblaban como pollitos asustados al escuchar los pasos.

Sexto, al ver a su jefa acercarse a las mujeres con sus largas piernas, se frotó las manos de emoción.

Aún recordaba la golpiza que le había dado para someterlo cuando él se creía el rey de los bajos mundos en Puerto Esperanza.

¡Estas dos iban a pagar caro el haber intentado secuestrar a su jefa!

Elba, sumida en la oscuridad de la venda, lloraba de miedo y se arrimó al cuerpo de su madre.

Luisa también estaba aterrada, pero su instinto materno la hizo erguirse para protegerla.

—Tranquila, Elba, mamá está aquí.

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