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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 419

Luisa y Elba alzaron la cabeza al instante, con los ojos brillando de una súbita esperanza.

—Acuéstalas y tápenles la boca, luego ponlo en altavoz —ordenó Roxana sin pestañear.

—¡No me toquen!

Ambas empezaron a forcejear bruscamente.

Pero, por supuesto, no eran rivales para los hombres de Sexto. En cuestión de segundos, ambas estaban amordazadas, tiradas en el suelo.

Por más que intentaran gritar, ningún sonido inteligible saldría de sus gargantas.

Pronto, la llamada fue contestada.

—Señor Sexto... ¿Mi sobrina sigue en sus manos? Por favor, libérela, le transferiré el dinero ahora mismo —suplicó Nicanor, intentando sonar amable.

Antes de que Roxana diera la orden, Sexto soltó una carcajada malévola, metiéndose en el papel.

—Señor Nicanor, las cosas han cambiado. Me enteré de que esta señorita Soler vale mucho dinero. El precio anterior ya no sirve. ¿Qué le parece si me transfiere cien millones de pesos y la suelto de inmediato?

Tras decir eso, hizo una reverencia exagerada hacia Roxana en silencio, como disculpándose por la actuación. ¡No quería ofender a la jefa!

Roxana lo fulminó con la mirada para que se estuviera quieto.

Del otro lado de la línea, la voz de Nicanor se quebró de pánico.

—¡¿Cómo que cien millones?! ¡Habíamos acordado cinco millones! ¡¿No tiene palabra?!

—¡Al diablo con la palabra! —escupió Sexto—. Si no veo los cien millones en mi cuenta esta misma noche, le mando el cadáver de su sobrina.

—Usted...

Nicanor iba a reclamar, cuando otra voz lo interrumpió en la llamada.

—¿Usted es el señor Sexto?

Roxana se sorprendió al reconocer la voz de su padre. ¿Estaban todos juntos?

Sexto, sintiéndose ofendido, ladró:

Rafael estaba indignado por el descaro, pero con la vida de Roxana en juego, no tenía opción.

—De acuerdo, pagaré los mil millones, pero necesito tres horas para hacer la transferencia.

Amordazadas en el suelo, Luisa y Elba presenciaban cómo Roxana y Sexto extorsionaban a Rafael. Al ver cómo la cifra saltaba de cien a mil millones, la sangre les hervía.

¡Querían gritarle la verdad a Rafael, pero estaban atadas y silenciadas!

¡Sentían que iban a reventar de rabia!

Al ver que Roxana volvía a teclear, Sexto se asomó a la pantalla y sintió que empezaba a sudar frío.

¡Su jefa no tenía corazón!

Si no supiera que era su padre, creería que estaba extorsionando a su peor enemigo.

—No puedo esperar tres horas. Si no tiene los mil millones ahora, aceptaré algo del mismo valor. Por ejemplo... el Hongo de Vida Eterna.

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