—Yara, ambas son hijas de la familia Soler y tú eres la hermana mayor. Puede que no defiendas a Roxana como lo hace Darío, pero no deberías hablar sin saber y mucho menos intentar manchar su reputación.
Yara no esperaba un regaño tan directo por parte de Marina. Nerviosa, intentó justificarse.
—Mamá, no quise decir eso... Solo estaba preocupada de que...
—¿Preocupada de qué? —la interrumpió Marina, manteniendo la voz serena.
Pero cuando Yara cruzó miradas con ella, sintió el pánico de ser descubierta, como si le leyeran sus intenciones más oscuras.
Rafael entendía perfectamente lo que su esposa intentaba hacer. Cuando encontraron a Roxana, creyeron que Yara no tendría problemas en aceptarla como parte de la familia.
Nunca imaginaron que la dulce y obediente joven que habían criado desarrollaría un rechazo tan tóxico y paranoico.
—Marina... —murmuró Rafael.
Marina reprimió su frustración y volvió su atención a Yara. Al ver que la joven que había criado con tanto amor ahora tenía los ojos llenos de lágrimas y parecía acorralada, sintió que el corazón se le encogía, y suspiró profundamente.
—Yara, desde el primer día que llegaste a esta casa, nunca te oculté que seguíamos buscando a Roxana. Creí que, después de todos estos años, ya te habrías acostumbrado a la idea de que algún día regresaría.
»Pero me equivoqué.
»Admito que últimamente he pasado más tiempo con ella.
»Pero mi cariño y preocupación por ti no han disminuido en lo absoluto.
»¿De verdad es tan difícil de aceptar?
Las palabras de Marina dejaron a Yara sin respuesta. En el fondo, quería gritar que si Roxana nunca hubiera vuelto, ella seguiría siendo la única princesa de la familia, el centro del universo de todos.
Pero sabía que no podía decirlo.
Si lo hacía, sus padres se distanciarían por completo.
¡Y entonces el imperio Soler sería solo para Roxana!
¡Y eso jamás lo permitiría!
Al ver que Roxana no respondía, Yara se mordió el labio con fuerza.
Ya se había disculpado, ¿por qué no le decía que la perdonaba?
¿Acaso quería humillarla obligándola a arrodillarse?
Revisó de reojo la reacción de sus padres y de Darío. Al notar que todos parecían conmovidos por su acto, supo lo que debía hacer. En el siguiente segundo, se arrodilló ante Roxana y comenzó a suplicar.
—Roxana, asumo la culpa de todo lo que pasó antes. Me arrepiento de todo corazón. Sé que será difícil que vuelvas a confiar en mí, pero quiero demostrarte que soy sincera. Por favor, confía en mí y dame otra oportunidad.
Darío sintió lástima por ella, pero después de decepcionar a su hermana la noche anterior, no se atrevió a decir nada.
Marina también se compadeció y apartó la mirada sin emitir palabra.
Finalmente, Rafael fue quien rompió el silencio.
Al verla tan vulnerable, a pesar de su enojo, no pudo mantener su postura estricta.

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