Todos giraron la cabeza de inmediato. Don Abelardo, con su impecable traje oscuro y el rostro ensombrecido por la furia, caminaba hacia ellos.
A su lado iba un joven de aspecto sobrio y sencillo, pero con un porte sumamente serio.
—¡S-Señor Rector!
—¡Ay, Dios! ¡Hasta el rector vino a ver el chisme!
—¿Quién es el que viene con él? Siento que lo he visto en alguna parte.
—El rector otra vez va a defender a Roxana a ciegas. ¡No sé qué brujería le hizo para que la apoye tanto!
—¡Pero es que las fotos no parecen falsas! Lo de Darío Soler pasa porque se dice que son familia, ¡pero Valeriano Sandoval y Adrián del Centro de Desarrollo Phoenix son de otro nivel! ¡No son personas que una simple estudiante de música pueda conocer!
—Es verdad. Aunque Roxana se aprovechara de Yara para acercarse a Valeriano Sandoval, al jefe de Phoenix no lo ve cualquiera. ¡Ese centro acaba de exhibir un Hongo de Vida Eterna valorado en cientos de millones! ¡Tienen un poder y un respaldo aterrador!
—Si fuera Yara quien los conociera, me lo creería, después de todo es la señorita de la familia Soler. ¿Pero ella? Es solo la pariente pobre. Ya sabemos que en el mundo de la música pasa de todo, me da miedo que el rector esté cegado y no vea su verdadera cara.
—Cállate la boca, ¿o quieres que te expulsen como a Marco Sarmiento?
Mencionar a Marco Sarmiento hizo que a varios se les fuera el color de la cara, y guardaron silencio al instante.
La chica tirada en el piso, al ver llegar al rector, aprovechó que el público aún dudaba y empezó su actuación melodramática.
—¡Señor Rector! ¡Ayúdeme, por favor! ¡Yo solo quería hacerle unas preguntas a Roxana y se volvió loca! ¡Me quiso matar aquí mismo frente a todos!
Lo dijo a propósito. Quería arrinconar al rector para que castigara a Roxana ahí mismo. Con tanta gente mirando, y con ese hombre misterioso que acompañaba al rector, Don Abelardo no tendría más opción que tomar medidas para salvar la reputación de la Universidad.
Creía tenerlo todo calculado, pero no contaba con la furia del anciano.

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