—Solo chocaste contra la puerta, no te rompiste las piernas. ¿Qué haces todavía tirada en el suelo? ¿Quieres que te adopte como a un perro? Qué lástima, yo solo crío perros de raza, y a ti se te nota lo corriente a kilómetros de distancia.
La chica, roja de rabia al ser tratada como un perro callejero, perdió los estribos.
—¡Roxana Soler, te pasas de la raya! ¡Tú eres la que anda de fácil y no dejas que nadie diga la verdad! Y ahora te aprovechas de que el rector te cuida para humillarnos. ¡Eres la vergüenza de esta universidad!
—¡¿Qué acabas de decir?! ¡¿Cómo te atreves a decir que mi niña es una cualquiera?! ¡Si no te retractas ahora mismo y me explicas de dónde sacas semejante estupidez, te juro que te expulso usando todo el peso del reglamento interno! —Don Abelardo ya estaba echando humo por las orejas.
La chica, creyéndose intocable por tener pruebas, le mostró el celular con el artículo del foro directamente al rector.
—Señor Rector, no queremos difamar a nadie. Es ella la que no se cuida. ¡Mire nada más! No solo se la pasa saliendo con hombres poderosos, ¡anoche ni siquiera durmió en su dormitorio! No le importa para nada las reglas de la escuela. ¡Alguien así no merece estudiar en la Universidad del Sur!
Sus amigas aprovecharon para avivar el fuego.
—¡Así es, Rector! No puede ignorar su asquerosa moral solo porque tiene talento musical. Nosotros somos estudiantes comunes y corrientes que se mataron estudiando para entrar aquí. Algún día saldremos a buscar trabajo en grandes empresas, y si el nombre de la universidad se mancha por culpa de las perversiones de esta chica, ¡nuestro futuro se arruinará!
—¡Sí! Jamás había habido una alumna que anduviera de cama en cama con tantos hombres de forma tan descarada. ¡Es un insulto a la decencia! Le rogamos, Señor Rector, que sea imparcial y no traicione nuestra confianza en la escuela.
Sus palabras eran veneno puro.
Muchos de los estudiantes presentes estaban a punto de graduarse, y al escuchar que su futuro laboral podría estar en peligro por la mala reputación de la escuela, empezaron a murmurar indignados.
—¡¿Qué diablos están haciendo armando este alboroto?! ¡¿Se volvieron locos?! ¡¿Cómo se atreven a bloquearle el paso al Rector?!

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