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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 880

Valeriano guardó silencio.

Sabía que las habilidades de Roxana eran más que suficientes para enfrentar cualquier peligro, pero su instinto de protegerla era más fuerte.

Sin embargo, también sabía que, si regresaban con las manos vacías, no podría mirar a sus subordinados a la cara.

Tras sopesar la situación, terminó cediendo.

—Está bien. Pero tienes que prometerme que, si hay problemas, no intentarás hacerte la heroína. Avísame de inmediato y vendré a buscarte, ¿de acuerdo?

—Te lo prometo —respondió Roxana.

Se separaron y comenzaron a caminar en direcciones opuestas.

Con su disfraz y el rostro manchado de tierra, Roxana se mezcló fácilmente entre los hombres. Nadie notó su presencia.

Mientras caminaba, observaba a los rústicos mercenarios que reían a carcajadas. Sus ojos se clavaron en una entrada poco iluminada, a unos metros de distancia.

Estaba a punto de acercarse cuando un brazo le bloqueó el paso.

—¡Eh, tú! ¡Tráeme una botella de alcohol, rápido! —le gritó un hombre corpulento vestido con una camiseta sin mangas y pantalones de trabajo. Su aliento apestaba a licor.

Al ver que el hombre hablaba en un inglés con fuerte acento, Roxana bajó la cabeza y alteró su voz para responder.

—Lo siento mucho, señor. Tengo otras tareas asignadas. Le pediré a alguien más que se la traiga.

¡Crash!

Al ver que un simple trabajador de bajo rango se atrevía a desobedecerlo, el hombre estrelló su vaso contra el suelo con furia.

Los cristales volaron en todas direcciones.

Algunos fragmentos golpearon las piernas de los hombres que estaban cerca. Aunque hicieron muecas de molestia, nadie se atrevió a quejarse; simplemente tragaron su rabia y miraron hacia otro lado.

El hombre, satisfecho por el miedo que infundía en los demás, sonrió con arrogancia.

—Escúchame bien, afeminado. Pedirte que me traigas un trago era darte la oportunidad de ser útil. Si me vuelves a decir que no, te aseguro que hoy no sales caminando de aquí.

Roxana mantuvo la calma, sin darle demasiada importancia a la amenaza.

Sin embargo, notó que Valeriano, quien ya se había alejado, había regresado en silencio y miraba al hombre con intenciones asesinas. Temiendo que Valeriano cometiera una locura y arruinara la misión, Roxana se apresuró a hablar.

—Sí, señor. Voy enseguida.

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