En el salón principal del primer piso.
Con una música de ensueño de fondo, Alcira, vestida con un inmaculado vestido de novia y sosteniendo su ramo de flores, caminaba paso a paso hacia su príncipe azul.
Aunque Cristián no era su objetivo final, para la actual y tambaleante heredera de los Maldonado, él era la mejor opción a su alcance.
Antes, por culpa de las intrigas de Roxana, Cristián estuvo a punto de dejarla. Afortunadamente, en el momento crítico logró contactar a Carlos Valente y lo convenció de inyectar una gran suma de dinero en la empresa de los Mota, logrando así que los padres de Cristián la aceptaran.
Cristián, cediendo ante sus lágrimas, también había aceptado darle una última oportunidad.
En cuanto terminara la boda, buscaría la forma de deshacerse del bebé.
¡Quizás hasta podría usar la culpa de Cristián para manipularlo el resto de su vida!
—Cristián, por fin me caso contigo. Hoy es el día más feliz de mi vida, porque convertirme en tu esposa siempre fue mi mayor sueño.
Cristián miró a Alcira, que lucía deslumbrante en su vestido de novia, con una mirada rebosante de ternura.
—Yo también, Alcira. Desde el primer día que te vi, supe que serías la única mujer para mí. En el futuro, pase lo que pase, nunca soltaré tu mano.
Los invitados, al escuchar sus promesas de amor, aplaudieron con entusiasmo.
Esta vez, las familias Mota y Maldonado habían puesto todo su esfuerzo en la boda. Debido a los recientes escándalos que las rodeaban, querían usar este evento festivo para ahuyentar toda su mala racha.
Por eso, no solo había prensa invitada, sino que la boda se transmitía en vivo.
Gracias a ello, todos se esforzaban por mantener la etiqueta y los modales propios de la alta sociedad.
Incluso en la pantalla de la transmisión en vivo llovían las felicitaciones.
—Muy bien, a continuación, invitamos a los novios a intercambiar los anillos —anunció el presentador, desatando otra ovación.
Cristián sacó el anillo que tenía preparado y lo deslizó lentamente en el dedo anular de Alcira.
[¡Exacto! Un anillo de cinco quilates alcanza para comprarme una casa en el Distrito Boreal. Las acciones de la familia Mota han caído en picada; si esto no es amor verdadero, ¡que me corten la cabeza!]
Entre tantas felicitaciones, también se colaron algunos comentarios discordantes:
[Ya que la familia Maldonado tiene para hacer una boda tan lujosa, ¿podrían decirnos cuándo le pagarán a nuestra fábrica? En todo el año no han liquidado nada, ¡ya nos deben casi diez millones de pesos en mercancía!]
[Y la familia Mota igual. Nos prometieron enviar los productos, les pagamos siete millones de pesos por adelantado, ¡y hasta ahora no hemos visto nada! ¿Cuánto más van a retrasarse?]
[El Grupo Maldonado aún no nos ha pagado nuestra liquidación, ni los bonos de fin de año del año pasado. Si tienen dinero para bodas y diamantes gigantes, ¡¿por qué no nos pagan nuestros sueldos?! ¡No puedo pagar mi hipoteca y mi hijo de un año está hospitalizado, necesito ese dinero para salvarle la vida! Ricardo Maldonado, si no me das una respuesta en diez minutos, ¡te arrastraré al infierno conmigo!]
Sin embargo, esos reclamos se ahogaron rápidamente en el inmenso mar de felicitaciones, sin causar el menor impacto.
—¡Que se besen! ¡Que se besen!
Animado por los gritos del público, Cristián tomó suavemente a Alcira por los hombros.

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